18 de julio: «verdad, justicia y reparación».

“Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia.”
José Saramago

Hemos recibido este mes de julio con la despedida cómo nuncio en España de Renzo Frattini, quien acusaba al gobierno de Pedro Sánchez, de resucitar a Franco con la polémica del Valle de los Caídos. Frattini no debía recordar las manifestaciones de Juan Pablo II, el 11 de junio de 1995, cuando con motivo del 50 aniversario de la finalización de la Segunda Guerra Mundial en Europa, exhortaba a «mantener vivo el recuerdo de cuánto sucedió, por ser una exigencia no solo histórica sino también moral. No hay que olvidar -decía el Papa polaco-, porque no hay futuro sin memoria, no hay paz sin memoria.»

Pocos días después de tan desafortunadas declaraciones del nuncio, el homenaje tributado por el Parlamento de Andalucía a Blas Infante, se realizó con la ausencia de Vox, formación que además de declararse enemigo del estado de las autonomías, porque «amenazan la integridad de España», acusaron al padre de la Patria Andaluza, de ser autor de ideas que “fomentan el enfrentamiento cainita entre los españoles”. ¡Qué paradoja que fuera asesinado por los facciosos el 11 de agosto de 1936!

Vox se sitúa así en la mejor tradición patria de diputados perjuros, que lo mismo traicionan la Constitución que el Estatuto de Autonomía, ya que sus parlamentarios juraron la una o el otro en sus tomas de posesión, siguiendo así al mejor exponente de esa tradición, alguien muy admirado y querido en Vox, como el fundador de Falange y diputado gaditano, José Antonio Primo de Rivera, quien días antes de la celebración de los comicios de 1933, advirtió que iba a incumplir ese juramento en caso de salir diputado: «soy candidato pero lo soy sin fe y sin respeto y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos, no me importa nada… nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto las estrellas».

Tan proféticas palabras fueron ejecutadas sin piedad por sus sicarios, solo tres años después de que fueran pronunciadas y así, con las estrellas como único testigo, en las noches claras del verano granadino, las armas vomitaron fuego, para segar la vida de miles de granadinos que pensaban que la democracia y el diálogo, eran la única forma de convivencia entre quienes pensaban diferente.

Tal día como hoy hace 83 años, los conspiradores liderados en Andalucía por el carnicero Queipo de Llano, se sublevaron en Sevilla, y Córdoba. Dos días después el comandante militar de Granada, general Campins, fue obligado a firmar el bando de guerra, mientras las tropas y milicias derechistas lograban hacerse con el control de la ciudad a sangre y fuego, iniciando una carnicería que se saldó con más de 15.000 asesinados, cuyos cadáveres en su inmensa mayoría, aún siguen en las fosas comunes, cunetas y barrancos del cementerio de la capital, Viznar, Alfacar o el Carrizal de Órgiva.

Estas víctimas, todas las víctimas, han sido el eje de las políticas de memoria en Andalucía, al amparo de la Ley de Memoria Histórica y Democrática qué Vox quiere ahora derogar, escudándose en esa hipócrita Ley de Concordia, que desde la mayor de las cobardías políticas, PP y Ciudadanos, parecen dispuestos a “comprarle”.

¿Por qué el franquismo no puso una calle a Federico García Lorca? Pues sencillamente porque ellos lo habían asesinado, igual que al alcalde, al presidente de la Diputación o al Rector de la Universidad de Granada, entre otros miles.

Paradójicamente, el actual Presidente de la Junta de Andalucía, en su discurso de investidura, declaró a Lorca y Blas Infante, ambos asesinados por los golpistas, como sus referentes durante su mandato, sin embargo no se atreve a parar los pies, de una vez por todas, a los herederos ideológicos de quienes protagonizaron un cruento golpe de estado, sumiendo a este país en los 40 años más negros de la historia contemporánea.

Por todo ello los demócratas, todos los demócratas, con independencias de siglas e ideologías, debemos hablar alto y claro, para que quienes intentan, ya descaradamente, blanquear a los asesinos y victimizar a las víctimas, no tengan el más mínimo hueco por el que deslizar su veneno en nuestra sociedad. Que sepan que no lo van a conseguir, porque desde los, tajos, las aulas, la cultura y la igualdad, no se lo vamos a consentir.

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