De piscinas gigantes y aves de pata coja

Mientras no aprendamos a fabricar y domesticar nubes, la única forma de sacar el agua de un embalse es por canalizaciones. Y mientras no aprendamos a domesticar coches, una estación de AVE necesitará un parking acorde al número de pasajeros esperados. Son cosas de sentido común. O lo parecen. Porque lo cierto es que quienes diseñaron las dos obras que más se han hecho esperar en nuestra provincia en el último cuarto de siglo se olvidaron de esos pequeños detalles, entre aplazamiento y aplazamiento de la fecha de finalización de tan mastodónticos proyectos, entre sobrecostes, “errores de cálculo”, paralizaciones judiciales, derrumbes, recortes, rebajas y otras circunstancias azarosas, o no tanto.

Pero siendo estos “olvidos” lo más grotesco, tal vez no sean lo más grave de la falta de planificación de las infraestructuras granadinas, aunque me temo que no seamos en esto tan distintos a otros territorios.

Remontémonos a los pantanos del plan Badajoz o más allá si se quiere. El caso es que,al menos desde que tenemos memoria, la política de obras públicas en este país nuestro ha estado, caracterizada por una tendencia al efectismo, a la desmesura, y a cierta creencia, más mágica que racional, que nos lleva a pensar que vamos a superar atrasos atávicos sólo a base de construir más pantanos que lagos hay en Suiza, contar con más kilómetros de autovía que Francia y Alemania juntas o disfrutar, quien pueda, de más trenes de alta velocidad que China. Y si luego hay que suprimirlos cuando se empeñan en no llevar más de 7 pasajeros al día, ya tal. No se preocupen. No hablaré de los aeropuertos sin aviones ni de las autopistas de peaje sin coches que luego rescatamos con su dinero y el mío, aunque ni usted ni yo las usaríamos jamás, porque no quiero que esta columna caiga en el abismo de la melancolía.

El común de los mortales, creo, agradecería más un tren que le sirviera para ir cada día del pueblo donde vive a la ciudad donde trabaja, liberándolo así de ese atasco cotidiano que tanto gusta a los frikis de los atascos y de las enfermedades respiratorias que tanto añoraban los que se han hecho con el control del ayuntamiento de Madrid.

Y el común de los mortales, si no ha olvidado la geografía que aprendió en el instituto, que esa es otra, también se pregunta cómo hacemos para tener arena en las playas donde nos gusta tumbarnos al sol si a cada río le ponemos un tapón en forma de embalse a 30 km de su desembocadura en el mar. Porque de toda la vida de Dios, y de la Tierra, esa arena sobre la que nos gusta tumbarnos ha venido de los ríos, que además aportan los nutrientes de los que se alimentan las sardinas que nos gusta zamparnos por estas fechas en los chiringuitos. Y es que, además, aunque haya que apretarse, nos encanta que sobre esa misma arena se tumben también los millones de turistas que visitan estos lares cada verano, porque sabemos que de su consumo de sardinas depende no solo el omega 3 que retrasará sus infartos, sino, sobre todo, la economía del país, al menos mientras no inventemos otra cosa que la sostenga. Sorber y soplar son cosas que raramente pueden hacerse a la vez, del mismo modo que resulta arduo imaginar que vamos a ver trepar los invernaderos desde la primera línea de costa hasta las más altas cumbres de la Contraviesa sin tener, a cambio, que volcar sobre nuestras playas cientos de camiones de arena tras el temporal que se las traga cada año.

Sería más que interesante añadir algo de racionalidad y planificación a las inversiones multimillonarias, ya que las hacemos. Y pensar que, aunque muchas de las infraestructuras que se han construido en estas últimas décadas con ayuda de generosos fondos europeos eran necesarias, no nos sacarán por sí solas del furgón de cola de Europa. Que la experiencia de otros países demuestra que eso se logra más bien invirtiendo en educación, en Ciencia, en I+D+i, para que el talento que se forma con tanto esfuerzo propio (de nuestra comunidad) por estas tierras, rinda sus frutos aquí, y no sigamos regalándoselo a los mismos países que nos envían cada verano sus turistas, relegándonos a la tan agradable tarea de servirles la cerveza fresquita en el chiringuito, siempre con su tapa, faltaría más.

Para eso, claro, necesitaríamos al mando del país a políticos que pensaran en algo más que en sobres y comisiones para ellos, o en financiar de aquella manera el partido. O en lo bien que van a quedar en la foto en la moderna estación recién inaugurada. Y date prisa, niño, no vayamos a perder el Falcon.

CATEGORÍAS
ETIQUETAS

COMENTARIOS

Wordpress (0)
Disqus ( )