De traición y sustracción

Decía Séneca que “el lenguaje de la verdad debe ser simple y sin artificios”, o lo que es lo mismo a las cosas hay que llamarlas por su nombre; o como también se dice vulgarmente, que al pan hay que llamarlo pan y al vino hay que llamarlo vino. Porque los eufemismos solo distorsionan la verdad y por regla general se emplean para tratar de no decirla sin llegar a caer en la plena mentira.

Por ejemplo, el eufemismo político del que ha dado en llamarse el “Plan Alhambra”, que no es tal ya, porque nunca lo fue, no es si no una manera de denominar la expromisión que del remanente de tesorería de la Alhambra se ha hecho con premeditación alevosa. Cuando no es si no una manera de ocultar lo que realmente ha sido una infidelidad al monumento y un engaño —otro más—, a Granada y a los granadinos, resultado de la más que dudosa administración que del patrimonio del monumento se ha hecho.

Sobre ello hay quién opina —yo también—, que la actual Administración de la Junta de Andalucía han robado, en el sentido de birlado, 48 millones y pico de euros de la Alhambra, para evitar de ese modo que ni un solo euro del presupuesto general de la Junta tenga que darse para Granada. Por ello, ahora sabemos, que la Alhambra anda a pique de sucumbir si se plantease —Dios no lo permita—, una contingencia imprevista. Quebrar como se ha dicho exactamente no, porque aún siendo posible, las administraciones públicas no quiebran, pero sí que podría ser que el Monumento pudiera estar próximo a dar un “campanazo” como consecuencia de la pésima gestión que de él se está haciendo.

De este modo dos palabras sintetizan ahora la gestión que del remanente de tesorería se ha hecho: “traición” como deslealtad intolerable; y “robo”, en el sentido de expromisión —nunca mejor empleado el arcaico vocablo jurídico—, que han supuesto llevar a un ente público saneado como lo era la Agencia Administrativa de Régimen General Patronato de la Alhambra y Generalife de Granada a ser un organismo con serias dificultades para hacer frente al pago de los gastos de personal y gastos corrientes no digamos ya de las inversiones.

Ya avisé en estas mismas páginas de lo que iba a pasar. Y antes que en este formato, en la reunión que se celebró el 17 de mayo de 2020, presidida y convocada por el entones alcalde de Granada, Luis Salvador, donde, primero él, anticipándonos buena nueva que nos darían, y posteriormente el delegado de Cultura de la Junta de Andalucía, con el silencio “adecuado” de la directora del Patronato, anunciaron que el Consejo de Gobierno ese mismo día había aprobado destinar el remanente de tesorería de la Alhambra para sufragar inversiones de la Junta de Andalucía en Granada. Ello suponía que tales inversiones las pagaría la Alhambra y no saldrían del presupuesto general de la Junta de Andalucía. O lo que es lo mismo, que nos sisaban administrativamente los 48 kilos generados con no poco esfuerzo por la Alhambra, mientras en el resto de las ciudades de esta anodina Andalucía, las inversiones corrientes las sufragaría el presupuesto general de la Junta. Lo de siempre, que Sevilla no roba a Granada, pero la Junta de Andalucía sí.

La reciente embestida política del PSOE en el Parlamento solicitando información sobre el dinero del remanente de la Alhambra, alertando de su empleo en cuestiones ajenas al conjunto monumental y su patrimonio adscrito y el destino de buena parte del mismo para sufragar actuaciones relacionas con el Covid, que nada tienen que ver con la Alhambra y con Granada, han hecho saltar las alarmas. Porque, sepan los que esto lean, que los fondos que a final de año no se gasten en las actuaciones previstas, se integrarán en la cuenta general de la Junta de Andalucía y no volverán nunca más a la Alhambra, a su origen. Esa es la cruda y triste realidad, y no otra. He aquí la traición y la sustracción a la Alhambra.

Los que tanto cacareaban de que cuando ellos gobernasen lo que generara la Alhambra sería para a Alhambra y se quedaría íntegramente en Granada, a la primera oportunidad que han tenido ha cogido los fondos del monumento y se los han llevado para donde siempre, para Sevilla; y acaso, no quisiera pensarlo, para atender inversiones o actuaciones en el eje “miarma-boquerón”.
Comprensible es que ante ello exijamos que el dinero de la Alhambra vuelva a la Alhambra. Pero que vuelva de verdad y no se lo repartan como se repartieron las vestiduras de Jesucristo, aquellos romanos fariseados, a los que tanto recuerdan por sus formas, los actuales gestores autonómicos.

Y es que como ya escribí, parece que la “Alhambra no tiene quién la defienda” tal vez por haberse entregado a quién no está capacitado para ello y menos para resistirse a la traición y la expromisión ordenada por los vates de su partido, los del infausto eje “miarma-boquerón” que nos mal gobierna. De recordar es que quién esto ha permitido, reclamaba vehemente con video y todo, que la selección del nuevo director del Patronato se efectuase por un riguroso concurso internacional entre personalidades cualificadas, hasta que le vino a las manos a quién tal reclamación hacía, seguro que por saber mucho de la Alhambra, pero la de las cervezas.

Concluyo secundando a Einstein cuando dijo aquello de que “si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez para que se entienda; la elegancia déjasela al sastre”, de modo que lo que ahora viven Granada y la Alhambra por razón del destino de los fondos del remanente de tesorería del monumento, solo se puede calificarse de traición y sustracción.

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    Guillermo 6 días

    Y tú eres Letrado precisamente de la Junta de Andalucía jajaja tienes más cara que espaldas

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