Dos granadinos participan en una exposición colectiva en el Centro Andaluz de Arte Contemporaneo

Dos granadinos participan en una exposición colectiva en el Centro Andaluz de Arte Contemporaneo

  • A partir de un verso de “Poeta en Nueva York” el CAAC ha producido doce proyectos específicos

Dos artistas granadinos, de los doce en total, participan en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en la exposición “Entre las formas que van hacia la sierpe y las formas que buscan el cristal”, con obras realizadas específicamente para esta muestra. La exposición estará abierta al público desde el 4 de diciembre de 2020 al 9 de mayo de 2021.

Se trata de los artistas, Alvaro Alvadalejo ( Granada 1983) y Pablo Capitán del Río (Granada 1982). A ellos se añaden Ana Barriga, Álvaro Escalona, Valle Galera, Irene Infantes, Christian Lagata, Manuel M. Romero, José Manuel Martínez Bellido, Moreno & Grau, Mercedes Pimiento y Florencia Rojas.

El título se ha extraído de “Vuelta de paseo”, primer poema de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca y adelanta, de alguna forma, la variedad de intereses del trabajo que realizan los artistas que conforman esta exposición.

Siguiendo la senda de la exposición “¿Qué sienten, qué piensan los artistas andaluces de ahora?”  de finales de 2016, este año el CAAC, con el objetivo de potenciar el trabajo de creadores del panorama andaluz actual, reúne a doce artistas andaluces o residentes en la comunidad autónoma, nacidos a partir de 1980. Esta exposición ha sido por Joaquín Jesús Sánchez (comisario, escritor y crítico de arte) y Roxana Gazdzinski Gutiérrez (coordinadora de exposiciones en el CAAC).

La exposición

Con esta exposición no se pretende reivindicar una manera andaluza de hacer arte, sino apuntar hacia lo heterogéno, lo formalmente diferente y lo semáticamente complejo a través de las propuestas de los artistas andaluces de hoy. Algunas propuestas, todas producidas específicamente para la exposición, interpelan directamente a referentes cercanos y reconocibles, mientras otras se alejan proponiendo realidades incluso inexistentes. El trabajo de Mercedes Pimiento y Florencia Rojas ahonda en la arquitectura e historia de este edificio, mientras que Álvaro Escalona busca establecer un vínculo entre esa historia y el poemario, por medio de la abstracción sonora. Si bien las propuestas de Valle Galera y Ana Barriga son distintas, ambas se adentran en el universo lorquiano. En sus instalaciones, Irene Infantes y Christian Lagata emplean, respectivamente, elementos textiles e industriales, entablando un diálogo constante entre la naturaleza de los materiales con los que trabajan y el sentido que estos cobran tras su transformación y ubicación en un nuevo contexto. La aparente simplicidad de los cuadros de Manuel M. Romero introduce en la exposición una reflexión sobre las posibilidades internas de la propia pintura, comparable a la de José Manuel Martínez Bellido sobre la fotografía misma como disciplina artística. Moreno & Grau con sus fotografías y esculturas, trasladan al espectador a otra realidad, geográfica y temporalmente lejana, mientras que las obras de Pablo Capitán del Río y Álvaro Albaladejo dialogan directamente con el espacio en el que han sido dispuestas.

ÁLVARO ALBALADEJO (Granada, 1983)
Dinámica de la descomposición, 2020
Moldura de Alfamolde, permanganato de potasio y cultivo de cristal.
600 x 230 x 4 cm.

Esta instalación se esconde del espectador, pues para verla, hay que entrar en la sala y levantar la mirada. Este preámbulo esquivo y, hasta cierto punto, seductor, sirve para sorprender al visitante, que de pronto se da de bruces con una pieza de escayola instalada en el techo de la sala, a modo de moldura. Inspirada en una forma ornamental habitual en las rejas y las cancelas andaluzas, está recubierta parcialmente con cristales de permanganato de potasio, que, dependiendo del estado de secado, pueden ser violetas, rojos o negruzcos. La obra, una vez instalada, ha sido rociada con una solución de permanganato y sulfato para favorecer el florecimiento de nuevas cristalizaciones, de modo que irá evolucionando de una manera imprevisible a medida que transcurra la exposición. Esta combinación entre forma que va hacia la sierpe y cristales de permanganato tiene una razón de ser curiosa, ya que este compuesto se usaba como remedio contra las mordeduras de víbora.

PABLO CAPITÁN DEL RÍO (Granada, 1982)
Sin título, 2020
Hierro, bengalas y emulsión
230 x 83 x 42 cm

Sin título, 2020
Hierro, aluminio, masilla epoxi y óleo
56 x 24 x 60 cm

Sin título, 2020
Hierro, madreperla y corcho
47 x 43 x 25 cm

Sin título, 2020
Hierro colado, cristal y felpudo de fibra natural

Junto a uno de los antiguos hornos de la fábrica de cerámica de la Cartuja, se despliega una gran pieza metálica que se asemeja a un crucifijo pero que realmente es una estufa. Desglosada de un modo similar a esos juegos infantiles en los que se recortan y se construyen figuras geométricas, Capitán establece un diálogo de opuestos entre el horno (el humo, la vertical, la altura, lo cerrado) y la estufa (el fuego, la horizontal, el suelo, lo diseccionado), además de un diálogo con el propio espacio en el que han sido dispuestas las piezas de cierta unidad cromática, entre las que destacan de forma intencionada pequeños elementos.

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