El anecdótico crimen del ninja malo

No es el de hoy un crimen sangriento en el sentido de que resultaran víctimas mortales. A punto estuvo de serlo. No lo fue, no porque el autor no lo pretendiese, sino debido a que erró en su acción. Dejó gravemente heridas a sus dos víctimas. El Ninja tuvo atemorizada a Granada varias semanas hasta que fortuitamente fuera detenido.

“Una empanada mental” tenía el ninja granadino, según dijo su abogado defensor cuando informó en el juicio en el que A.P.B. sería condenado a un total de 20 años de prisión por dos delitos de homicidio en grado de frustración, con las agravantes de disfraz, nocturnidad y lugar despoblado. El fallo le impuso también la pena accesoria de residir durante un período de cinco años fuera del lugar de la comisión del delito.

Con este pronunciamiento la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Granada, cerraba uno de los sucesos criminales más curiosos de la crónica negra granadina. El olvido de un papel con una oración de guerra al dios Wotan, Odín en la mitología escandinava, vino a truncar “una carrera” que posiblemente habría tomado derroteros oscuros y peligrosos, dado que A.P.B. se consideraba «ninja malo».

Disfraz, armas y danzas

Cuando dos años después de la comisión de su ataque, A.P.B. comparecía ante el tribunal para ser juzgado, vestido con un traje color gris, pulcramente adecentado, nada hacía recordar que en medio del bosque conocido como los Llanos, cerca del paraje de Cumbres Verdes, se presentó delante del Renault Clío ocupado por una joven pareja, el domingo 30 de octubre de 1992, de madrugada, vistiendo con el «shinobi shozoko», el atuendo negro y enmascarado de los ninjas tradicionales, de la edad media japonesa. Los ninjas eran, a las clases bajas niponas, lo que los samuráis a las clases aristocráticas, guerreros surgidos al amparo del budismo amida. Guerreros singulares que desarrollaron un sistema de combate no convencional; maestros de la lucha cuerpo a cuerpo, para lo que empleaban diversos tipos de armas, en especial la katana, la ballesta, las flechas, las estrellas y el tekken, un puño de metal que servía para romper los huesos de los enemigos causándoles rápidamente la muerte.

—¡Todo el mundo al suelo!¡Esto es un atraco!, señala la sentencia que dijo el Ninja en un perfecto «granaino» al tiempo que abría violentamente la puerta del vehículo en cuyo interior se encontraba la joven pareja. —Ahora fuera del coche. No intentéis correr porque esta ballesta atraviesa a un jabalí a cincuenta metros —les advirtió (sigue narrando la resolución). No bromeaba. El Ninja malo iba armado hasta los dientes. Se podía ver a su espalda una katana y un «tanto» en la cintura —el tanto es un puñal oriental— y un rollo de cuerda. Escapar de este guerrero de casi 1.90 metros de alto era realmente tarea imposible.

Dragón de la noche

—Pertenezco a la secta de los “dragones de la noche” que formamos parte de los “ninjas malos”, les contó a los dos jóvenes al tiempo que les conducía hacia el interior del bosque.

—Tú, ata fuerte a éste a ese árbol —le dijo a la chica con relación a su novio. La joven cumplió la orden pero hábilmente, para que se diese cuenta su pareja, los nudos con que lo inmovilizó estaban flojos. Seguidamente el ninja «granaino» le registró y le quitó 400 pesetas que llevaba. En otro árbol, a unos quince metros de distancia, ató a la chica. Y de manera inesperada para los dos novios que no salían de su asombro, «el dragón de la noche» comenzó a ejecutar una danza y unos extraños cánticos. Ambos novios estaban realmente asustados (continúa narrando en los hechos la sentencia).

Hacía frío. El joven atado al árbol tenía el torso desnudo y pidió algo para cubrirse. —Dame una camiseta. El ninja fue al coche sacó una chaqueta y dirigiéndose a él se la enrolló en la cabeza impidiéndole la visión. Se separó unos metros de él e iniciando nuevamente una danza dijo al tiempo que disparaba la ballesta: —más frío vas a tener en la tumba. El dardo le penetró en el pecho en el hemotórax izquierdo rozándole el corazón. Por unos milímetros no acabó con la vida del joven que quedó inicialmente semiinconsciente. Fue entonces cuando la chica que había asistido impertérrita al macabro espectáculo, consciente de que iba a ser asesinada, comenzó a gritar y tras lograr desatarse se dirigió hacia el ninja. El dragón de la noche dejó su danza y la ballesta en el suelo y desenvainando la katana que portaba en la espalda, se dirigió hacia ella con un grito de guerra de esos tan propios de las películas de karatekas que simulan pájaros: “¡Uhhhhhhhccc!” (expresa la sentencia de la Audiencia Provincial), y le asestó tres espadazos que le alcanzaron la cabeza, el hombro y la mano, cercenándole, casi, el dedo pulgar, dejándola gravemente herida. Para ese momento el novio de la chica que se había espabilado y revuelto violentamente había logrado librarse de las cuerdas, y tomando una piedra en el momento en que iba a atacar de nuevo a la chica, le asestó un golpe con todas sus fuerzas en la cara al ninja, que cayó al suelo conmocionado. Instantes después, tambaleante, el dragón de la noche, emprendió la huida. Los novios corrieron malheridos hacia el coche y tras llegar a la localidad de La Zubia pasadas las tres de la madrugada, con no pocos esfuerzos, lograron ser atendidos por unos vecinos. El joven salvó́ la vida milagrosamente al ser aten- dido sin demora en el hospital Clínico de Granada.

«Los ninjas de Sakura»

La investigación policial, en medio del terror colectivo de la población local, tardó algo más de un mes en descubrir al ninja malo. El descubrimiento en el pinar del suceso de una nota manuscrita con la siguiente oración a Wotan: «Por la lucha/ Por la noche,/ Por el poder de la oscuridad/ al matar./ Por la noche coraje al lado/ oscuro./ Oscuridad total,/ oscuridad externa./ Cuando sólo exista la oscuridad/ yo estaré allí, padre»; y una llamada anónima recibida en la Brigada de Investigación Criminal días después, llevaron a los agentes de la «Científica» dirigidos por Inspector Jefe de Homicidios, Manuel Rescalvo, a descubrir y detener a un joven conocido con el sobrenombre de «Johnatan» en su casa de la barriada de Los Rebites, en el pueblo de Huétor Vega, el 1 de diciembre de 1992, ante el asombro de sus padres. Un chico trabajador, normal, apacible, aparentemente incapaz de hacer daño a nadie, pero que días antes del suceso, como se comprobó, había adquirido por correo, en una tienda de Madrid, especializada en artículos «ninja» varias armas, concretamente, la cinta con la que tapó los ojos a la chica, varios libros sobre «ninjas», un saltamuros y una escala.

Al final se concluyó que A.P.B. el ninja granadino, plenamente consciente de sus actos, pudo sufrir un trastorno psicótico con anulación de la personalidad, provocado posiblemente por haberse “hartado de ver esa noche la película «Los ninjas de Sakura», que Telecinco puso en antena. El dramático suceso que parece una broma contado ahora, fue un sucesos criminal que conmocionó a la ciudad y su entorno. Las parejas de novios desaparecieron por una “temporada” de los pinares de los llanos de Cájar y la Zubia, donde ocurrió el frustrado doble asesinato del Ninja Malo.

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