“El Pilar de la Vaca” y la libertad de expresión

El pasado Primero de Mayo pudimos leer en La Voz de Granada un artículo de Ricardo Flores –secretario general de CCOO en Granada– titulado El Pilar de la Vaca en el que denunciaba las pésimas condiciones de las trabajadoras y trabajadores de la hostelería en la capital granadina. No tendría más que recomendar su lectura, si no fuera por el paréntesis que lo encabezaba, en el que su autor nos informaba de que había sido rechazado por el principal medio de la ciudad, Ideal, lo que nos puede dar pie a hacer una breve reflexión sobre la tan alegremente llamada y poco practicada libertad de prensa.

No hemos de entender la prensa como un ente independiente, ni aunque sus dueños digan serlo, pues en esencia, no deja de ser un aparato ideológico más, el cual cuida de forma nada inocente lo que vierte a la sociedad, creando así la «opinión pública».

Volviendo al ejemplo, en la edición web así como en la física de Ideal podemos encontrar anuncios – una parte fundamental del sustento económico de este medio– de locales de hostelería de Granada, siendo ésta la principal y casi única actividad económica de la ciudad de la Alhambra. Y como bien sabemos, no se muerde la mano del que te da de comer, entonces ¿no está claro el por qué, de forma nada casual, este artículo no pasó el filtro editorial?

Si bien es cierto que existen medios de propiedad colectiva lejos de inversiones oligárquicas, y sin querer menospreciar el trabajo que éstos realizan, creer que pueden crear una «contrainformación» que haga frente eficazmente a la propaganda del capital es simplemente ilusorio. Esto lleva a que las voces contestatarias seamos sistemáticamente silenciadas, obligadas a redoblar nuestros esfuerzos para que nuestro mensaje sea escuchado, y, precisamente para ello, a hacer uso desde los más rudimentarios mensajes en paredes hasta las redes sociales, las cuales, a pesar de su potencialidad, tienen unos claros límites. Porque, aunque ya no tengamos censura previa estatal como años atrás en el Franquismo –si bien el Estado sigue cerrando medios que le son incómodos, como fue el caso de Gara–, la propia censura ya la lleva a cabo el capital, lanzando a la sociedad sólo aquello que refuerce sus intereses. Un claro ejemplo de ello es la intoxicación mediática presente estos días en el tratamiento informativo del fallido golpe de Estado en Venezuela, pudiendo ver cómo se practica esa ya irrisoria libertad de prensa desde medios estatales como El País hasta los de tirada local como Ideal. Y es que, como ya decía la famosa cita del expresidente ecuatoriano Rafael Correa, «desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta», lo que desde un análisis materialista podría resumirse en que es imposible que exista la libertad de prensa, ni ningún tipo de libertad real, en el sistema capitalista.

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