Es necesario reaccionar

Cambiando las historias que nos contamos podemos cambiar el mundo. Temía que esto iba a llegar. El que paga manda y eso es lo único que interesa a los aduladores del poder establecido, sea cual sea. De hace unos días a hoy, después de la anodina comparecencia del presidente algo debió de verse mal en el redondo gabinete de tecnomarketing político de Moncloa y los medios afectos al régimen se lanzaron exaltar la grandeza de lo que está haciendo este gobierno para redimirnos del coronavirus del país del dragón que ha invadido España de modo desbocado en buena medida por las conductas negligentes del ejecutivo de Sánchez. No juego a hacer leña de un árbol que aún está por derribar. No. Particularmente, hasta el día antes de que se declarara el estado de alarma era de los que defendía que aquí no pasaría nada y que esto no sería tan grave.

Me equivoqué. Confié en nuestros representantes políticos, que han confirmado ser los irresponsables negligentes que parecían. Los mismos que ahora tras advertir que han sido descubiertos en sus maniobras, han lanzado una campaña mediática para ganar el relato de la guerra contra la pandemia. Lo mismo que los golpistas catalanes. Lo mismo que los terroristas etarras. Lo mismo que los bolcheviques de salón que lograron hacer del asesino Ernesto Guevara, El Che, una especie de santo civil, una víctima universal de la revolución, que no dudo en decir ante la Asamblea del Mundo, desde la tribuna de la ONU, la célebre frase de: “hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando hasta el triunfo de la revolución”. No cabe más regodeo en el dolor, en la imprecación de la barbarie y en la exaltación del crimen, en una sola frase; una proposición engarzada por palabras proferidas con el expreso deseo de que alguien sufra mal o daño para ponerlo al servicio de un fin, pero también con la intención posterior, como ahora, de que el daño infligido se olvide, echándole las culpas a otros, por las muertes de los más débiles, a los pobres ancianos que con sus esfuerzos y desvelos hicieron grande y noble a este país que ahora ellos han permitido destrozar por su inmoralidad y falta de prudencia.

No han tardado nada en dar la orden —rodeada de euros que pagaremos los contribuyentes—, para “ganar el relato”, que es como ahora se llama a la acción encaminada a imponer la versión propia de una verdad falsa construida para exonerar al que es el responsable de la actuación dañosa y criminal. Y no, no podemos dejar que este cuento tenga el final que ellos deseen y convenga a sus intereses, porque después de su final hay vidas humanas quebradas, familias rotas e ilusiones marchitadas de modo inesperado, amén de un país destrozado, por lo que este cuento tiene que tener otro final, el real, el justo, no el que ellos ordenen. “Cambiemos la historia que nos quieren contar y cambiaremos el mundo”.

Por eso, para conseguir su impúdica intención, se han lanzado a degüello a imponer su falsa verdad. Acaso no es lo más absurdo de lo mucho absurdo que hace unos días vi, escuché y evoqué antes de decidirme a escribir este artículo sobre el Apocalipsis vírico que a todos sin excepción nos afecta, pero sí lo más abyecto. Los conozco bien y los he visto actuar otra vez del mismo modo que lo hacen siempre. Los seguí ayer y los he seguido hoy a lo largo de toda la jornada hasta el cierre de la observación necesaria para armarme de razón y de argumentos, pero solo me he decido a hacerlo cuando he asistido un día más al aplauso a los héroes anónimos que están realmente ayudando a salvar a nuestros caídos, acompañando a nuestros muertos antes de serlo, en sus últimos instantes en este mundo, porque el invisible enemigo hace su guerra condenándolos también a una soledad final, densa y abominable, que los lleva a marcharse sin el aliento y el cariño de sus seres queridos. Mientras ellos, sin embargo, continuaban en su soflama para ganar el relato. La miseria humana no tiene confín.

Hay que volver a leer a Hannah Harendt y hacer el análisis histórico que propone en su obra cumbre para mí, “La condición humana”, y hacer una propuesta política de auténtico alcance filosófico, porque el mundo nos ha cambiado en solo dos días. Hay que analizar el estado de la humanidad en el momento contemporáneo contemplándola desde el punto de vista de las acciones de que es capaz el ser humano por su propia condición natural, desde el ventajoso punto de vista que nos ofrecen los temores y las experiencias más recientes, como esta crisis. Para ello lo más sencillo, como hicieron los clásicos, es pensar en lo que hacemos y en cómo hacerlo irreprochable. El respeto por el hombre debe ser absolutamente incompatible con los totalitarismos de cualquier género, los de izquierdas y los de derechas, se encubran como se encubran, o se traten de blanquear mediante campañas de marketing político.

De nosotros depende que nuestra propia historia, la que hemos generado y permitido, no aparezca como algo desolador que en cualquier momento nos lleve a cometer los mismos errores colectivos y regresar a la barbarie. De nuestra cuenta corre que lo haga como un instrumento válido con el que ganar un futuro digno de nuestra condición humana, respetuosa con el individualismo y del semejante —el prójimo en terminología cristiana—. No podemos dormirnos otra vez y permitir que este gobierno lampedusiano en sus formas, causante en buena medida de la tragedia, cambia todo a su antojo para que nada cambie y pueda permanecer y perpetuarse.

La más tremenda náusea, tal y como la habrían descrito Sartre o Camus, he sentido al contemplar los manejos de los detentadores del poder excepcional que se han irrogado al amparo del estado de derecho y la pandemia, para hacer imperar la mendacidad sobre la razón y la realidad.

Desde Granada —como ya se están produciendo movilizaciones profesionales en otros lugares—, un grupo de abogados y de ciudadanos estamos trabajando ya para perfilar una reacción jurídica, adecuada y medida, para exigir la responsabilidad de quienes por su negligencia la tengan en la gestión y efectos de esta crisis. Una sociedad enfermada, un país destrozado y miles de víctimas que claman por una explicación que le devuelva la vida sustraída a golpe de negligente pensamiento político colectivista, claman por una respuesta desde la ciudadanía que exija, además de justicia material y la reparación histórica, el diseño de un futuro que sea respetuoso con ella misma. Por eso es, por lo que es necesario reaccionar y accionar contra este negligente ejecutivo de exclusivas miras políticas al servicio de sus particulares intereses.

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COMENTARIOS

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    Eduardo Castro 6 meses

    César, te han dado ya el carnet de Vox? Al menos espero que el del PSOE te lo hayan hecho trizas. Menuda soflama! Sirve también para los gobiernos de Italia y Francia? Y cuando se extienda por todos los Estados Unidos y en América de norte a sur, y en el resto del globo terráqueo, quiénes serán los criminales gobernantes a los que aplicarás tu sentencia? Valiente perla estás hecho! En fin…

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      Clara Díaz 6 meses

      Al parecer está muy cabreao porque no se están aplicando las políticas de su partido y que serían la solución a esta catástrofe. La bandera a media asta, el monumento a los que sufren la enfermedad y las luces verdes del ayuntamiento son su solución para acabar con el virus.

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