Gracias de antemano

En estas fechas tan entrañables y tras el año que hemos pasado, del que nada puedo extraer que me llene de orgullo y satisfacción, sino más bien de tristeza por los sucesos acontecidos, y perplejidad por la relación, causa, efecto, que me provocan los discursos, tanto de muchos próceres, como del sinnúmero de contribuyentes que se hacen eco de los anteriores o de lo que criban de los medios, siento la necesidad de elevar una queja a modo de súplica. A quien pueda interesarle… No, mejor a quien pueda conceder, que bien sé yo que lo de los Reyes Magos es un cuento y los monarcas de carne y hueso, aunque de sangre azul, no dan más que quebrantos y viven a cuerpo de rey, nunca mejor dicho, a costa del erario público y medrando con…bueno, dejémoslo ahí, que si alguna vez visito Brujas sea por turismo y en Bruselas no se me ha perdido nada.

Decía entonces que a quien pueda conceder y como la soberanía reside en el pueblo, a este he de dirigir mi ruego. Hace unos días tuve ocasión de escuchar una conversación entre dos trabajadoras sanitarias que constataban el dictamen de, según me dijeron, pues me interesé por el dato, cierta eminencia en virología que aseguraba nos hallábamos en el principio del fin de la pandemia, esto es: que tras la variante ómicron, más contagiosa pero también más liviana, las gráficas mostrarán una caída que acabará por sumergirse hasta ahogarse para siempre. Ojalá sea así, pensé sin manifestarlo mientras ellas continuaban su diálogo, más elevado de volumen para que yo lo recogiera sin mermas. Asentí cuando especularon sobre la más que probable conspiración de la industria farmacéutica para fabricar el maldito virus en un laboratorio de Wuhan y no en el mercado de marisco de esa misma ciudad de China, como aseguran las autoridades; piensa mal y acertarás, convinimos al unísono. A ver quién se está beneficiando de esta pandemia y qué curioso, lo rápido que han creado el antídoto. ¿No será que ya tenían las vacunas preparadas?, dejé caer suspicaz. Por supuesto, respondió aquella, una vacuna no se hace en tres meses. Y cuántos más se estarán llenando los bolsillos, añadió la otra. Nótese que la conversación pasaba de epidemiológica y sanitaria, a económica, para acabar en política, pues una de ellas dijo: La mejor que está llevando esto es la Comunidad de Madrid. Ahí velé mi perplejidad y me mantuve al margen, mucho más cuando apostilló que al Coletas había que ahorcarlo por enviar morfina a las residencias de ancianos para acabar con ellos. La cosa se diluyó en un coloquio conspiranoico que se tornó en un enjambre de abejas para mis oídos. Cómo es posible, divagaba para mis adentros, que dos trabajadoras de la sanidad pública alaben la gestión de Díaz Ayuso, la misma que hace un par de semanas cargaba contra los sanitarios culpándolos de la situación que se vive en los centros de salud, tanto por eludir el trabajo como por convertirlos, por la izquierda, en sedes electorales, colgando pancartas y boicoteando el normal funcionamiento de los mismos.

Pero es que, intentaba colegir conmigo mismo, y volviendo a mis interlocutoras, si tienen tan claro que son las comunidades las que gestionan; la misma presidenta de la Comunidad de Madrid lo expresó así hace tiempo, qué tiene que ver el Coletas en todo esto. Pues son perspectivas inamovibles, concluyo, pues ya me dijo alguien con conocimiento de causa, en una ocasión, hablando de su partido político y a las puertas de unas elecciones municipales, que a nivel local contaban con X votos. ¡Hagas lo que hagas!, aseveró ufano. Y debo resignarme, tenía razón, tanta como Valle-Inclán en aquella frase suya de Luces de bohemia: “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. Se premia todo lo malo”. Y esto quedó latente en las últimas municipales de Madrid y patente en las que Díaz Ayuso adelantó a la Comunidad. Y si por una parte esta señora consigue inquietar a Pablo Casado, por otra es para que el susodicho se lo hiciese mirar.

Pero a lo que iba, que mi súplica no es para ellos, sino para todos los que los rodean y para vosotros, pueblo llano, únicos poseedores de la verdadera magia. Ante la nada remota posibilidad de que el PP gane las próximas Elecciones Generales, ¿tendríais, queridos militantes de ese partido, la infinita bondad de encontrar entre vuestras filas alguien más capacitado para lideraros?, por si acaso terminara siendo presidente del Gobierno. Y a vosotros, votantes, rogaros que meditéis lo sucinto antes de depositar la papeleta en la urna, por favor. Gracias de antemano.

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COMENTARIOS

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    Pablo Alcázar 7 meses

    ¿Vamos a echarnos una porra?
    ¿Alcaldes a favor de ponerle el nombre de Almudena Grandes a una calle?
    ¿Alcaldes en contra?
    Un, dos, tres…
    Para ir calentando los motores de los vivos, el poema de Ángel González: «Diatriba contra los muertos»:
    «Los muertos son egoístas:
    hacen llorar y no les importa,
    se quedan quietos en los lugares más inconvenientes,
    se resisten a andar, hay que llevarlos
    a cuestas a la tumba
    como si fueran niños, qué pesados.
    Inusitadamente rígidos, sus rostros
    nos acusan de algo, o nos advierten;
    son la mala conciencia, el mal ejemplo,
    lo peor de nuestra vida son ellos siempre, siempre.
    Lo malo que tienen los muertos
    es que no hay forma de matarlos.
    Su constante tarea destructiva
    es por esa razón incalculable.
    Insensibles, distantes, tercos, fríos,
    con su insolencia y su silencio
    no se dan cuenta de lo que deshacen».
    ***
    Posdata: Almudena habrá muerto del todo cuando nadie lea un libro suyo. Por las calles, uno pasa, en los buenos libros, uno se queda.

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      Pablo, con toda la razón y sabiduría: «Almudena habrá muerto del todo cuando nadie lea un libro suyo. Por las calles, uno pasa, en los buenos libros, uno se queda».

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