La guerra en el siglo XXI

A principios de este año se ha producido la integración efectiva de las instalaciones industriales situadas en el granadino barrio de El Fargue (más conocida como la “Fábrica de pólvoras”) en el grupo armamentístico eslovaco MSN.

Posiblemente los más jóvenes desconozcan la importancia que llegó a tener esta fábrica en el devenir de la sociedad y la economía de Granada, especialmente en la primera mitad del siglo XX, y muy especialmente en la “Guerra Incivil”. A partir de los años 60 llegó su decadencia, teniendo actualmente un peso reducido y con una plantilla laboral pequeña en comparación con la que llegó a tener en sus momentos de mayor actividad.

Clausewitz dijo que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Esta expresión es de la máxima aplicación a la actualidad.

Aunque los modos de hacer las guerras han evolucionado con el tiempo, el concepto central es invariable: el control y dominio político y económico de un colectivo sobre otro para su explotación. Incluso las “guerras de religión” tienen raíces económico-políticas.

Hasta la Segunda Guerra Mundial las sociedades asumían las pérdidas de vidas humanas como algo natural asociado a los conflictos bélicos, pero tras la enorme magnitud de esta, las opiniones públicas transmutaron progresivamente hasta las posiciones actuales en donde una prioridad es reducir al máximo los muertos, tanto militares como civiles.

De igual manera, el viejo colonialismo basado en el control militar de un territorio que se mantuvo hasta los años 70 del pasado siglo, ha evolucionado hacia un “colonialismo económico” que no requiere de una presencia masiva de tropas en el país “colonizado”. Económicamente, este modelo es más barato y eficaz.

De esta manera, aunque el objetivo final sigue siendo el mismo (control político-económico) el modo de hacerlo ha evolucionado hacia la preeminencia de la política frente a la guerra en su sentido estricto tradicional. Ahora son “guerras comerciales”: fronteras, aranceles, importaciones limitadas, legislaciones protectoras…

Incluso la guerra convencional se está transformando hacia una guerra altamente tecnificada, cibernética, espacial. La guerra nuclear puede ser algo del pasado (¿para qué quieres un territorio devastado e inhabitable, si puedes dominarlo mediante su control cibernético?).

En la actualidad existen cinco actores principales a nivel mundial: EEUU (la gran Superpotencia actual), China (¿la futura Superpotencia?), Rusia (potencia militar pero económicamente débil), India (basado en su tamaño demográfico y económico) y la Unión Europea (gran poder económico pero acompañado de una reducida capacidad militar). El resto cuentan poco en los momentos decisivos (ni siquiera el Reino Unido sumido en su propio engreimiento). Afortunadamente España está dentro de la Unión Europea.

En este contexto, la Unión Europea se encuentra inmersa en “guerras comerciales” con las otras potencias, especialmente con EEUU y China.

Pero también se enfrenta a amenazas violentas de tipo tradicional. La inestabilidad en el norte de África y Oriente Próximo, el terrorismo islamista, el expansionismo ruso (especialmente para los estados bálticos europeos) y turco (Chipre, Mediterráneo), las mafias de personas y de droga,…

Por ejemplo, a principios del año 2020, Turquía intentó conseguir mejoras en sus relaciones política-económicas con la Unión Europea organizando una nueva “invasión” de refugiados sirios (y de otros países asiáticos) que pudo ser rechazada por las fuerzas griegas ayudadas con refuerzos de agentes de fronteras europeos.

Para actuar contra estas amenazas, la Unión Europea ya ha creado estructuras militares permanentes de coordinación de los ejércitos.

Así, dentro del actual proceso de integración europea, sin duda debemos ir hacia la creación de un Ejército Europeo, aunque solo por tener una estructura más eficiente y barata que el actual modelo de 27 ejércitos diferentes. Como decían los romanos: “si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

A esto se debe de unir la potenciación de la industria armamentística europea que nos asegure nuestra independencia frente a los otros bloques señalados, para lo que desde la Comisión europea se ha creado una estrategia de apoyo con fondos europeos.

En este sentido, la venta al grupo armamentístico eslovaco MSN de nuestra histórica fábrica de pólvoras de El Farge tras su abandono por parte del grupo norteamericano General Dynamics, que abocaba a su cierre, puede ser una buena noticia para su viabilidad y para Granada.

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