La encrucijada andaluza

Mientras las calles de los pueblos y ciudades de Andalucía vuelven, después de dos años, a vivir unas de las fechas señeras del calendario festivo; mientras hoteles y todo tipo de alojamientos colocan el cartel de no hay billetes, por primera vez en mucho tiempo y mientras el personal se está echando a la calle como si no hubiera un mañana, en los puentes de mando de los partidos políticos andaluces, las máquinas se han puesto en marcha a máxima potencia, porque todo pinta que vamos a elecciones allá por finales de junio.

Es cierto que el ruido de adelanto electoral en Andalucía se remonta a meses atrás, sobre todo después de que en noviembre pasado, el Gobierno de PP y Ciudadanos quedara en minoría parlamentaria por la ruptura con Vox. Encuesta a encuesta, Moreno Bonilla, fue alimentando las esperanzas de hacerse con un resultado a lo Ayuso, que convirtiera a Vox en una mera comparsa, necesaria, pero comparsa, que le permitiera ahorrarse tener que sentarlos en su consejo de Gobierno.

Sin embargo, las cañas demoscópicas se han ido tornando lanzas, y no porque ningún estudio amenace la victoria del PP sobre el PSOE, sino porque el crecimiento por su flanco derecho ha sido tan imparable, que los de Abascal no han dudado en promover a su musa neofranquista, Macarena Olona, como candidata a la presidencia de la Junta, algo que no harían jamás de no estar convencidos que pueden cosechar un espléndido resultado, lo que llevaría a la actual diputada por Granada a la vicepresidencia del Gobierno andaluz, a imagen y semejanza de lo que acaba de ocurrir en Castilla y León con Juan García Gallardo.

Si la maniobra del adelanto electoral en Castilla y León le hubiera salido bien al PP, a estas alturas estaríamos a punto de estrenar campaña electoral en Andalucía, pero como el desastre ha sido el que ha sido, los resultados de Mañueco  aplacaron el «furor» electoral de Juanma, por aquello de intentar evitar el fiasco y quedar como rehén de un Vox que solo ha hecho que crecer desde entonces.

Sin embargo la no hace mucho plácida situación electoral del PP andaluz, ha ido viniendo a menos encuesta a encuesta, mientras Vox sigue creciendo. Según el último «Bendodómetro» del mes de marzo, el PP andaluz ganaría las elecciones autonómicas con el 34% de los apoyos, 1,1 puntos menos que en el sondeo anterior, de diciembre, obteniendo 43 o 44 escaños, por 22 de  los de Abascal, que subirían la friolera de diez puntos, solo en el último trimestre, según la estimación del CENTRA, un organismo dependiente de la Consejería de la Presidencia. Este resultado dejaría al PP muy alejado de la mayoría absoluta (55 escaños de 109), por lo que Moreno Bonilla solo podría gobernar con Vox, sumando juntos 66 escaños en la horquilla más alta.

Habida cuenta de que la izquierda andaluza sigue sumida en su ensimismamiento estéril, con un efecto Espadas que no parece reactivar al «enfermo» socialista y con una izquierda de la izquierda que no parece dispuesta a comparecer, el panorama andaluz es de lo más preocupante, porque si en Castilla y León la ultraderecha ya ha entrado en un ejecutivo autonómico, la verdadera prueba del algodón para el pedigrí democrático del PP está en Andalucía.

No hay que tener muchas dotes adivinatorias para vislumbrar cual sería el panorama con Vox en el consejo de Gobierno de Moreno Bonilla. Si ya ha supuesto un terremoto para CyL, donde el PP lleva gobernando más de tres décadas y por lo tanto las políticas realizadas en aquella tierra, han sido de lo más conservadoras, imaginar a la «cunera» Olona como vicepresidenta primera de Andalucía y a tres o cuatro de sus secuaces, en las consejerías de Cultura, Agricultura y Medio Ambiente, o Educación y Familias, pone los pelos como escarpias a cualquier persona con la más elemental sensibilidad democrática.

Que nadie tenga la menor duda de que si Abascal está dispuesto a prescindir de su Juana de Arco particular, es porque le salen las cuentas, no ya para duplicar la presencia de su partido en el Hospital de las Cinco Llagas, sino incluso para discutirle la hegemonía de la derecha al mismísimo PP, lo cual no solo sería una tragedia para los populares, sino para cualquier demócrata de esta tierra.

Así las cosas no es de extrañar que el flamante presidente del PP, propusiera ayer un pacto al PSOE para que ambas formaciones se comprometieran en el futuro a dejar gobernar a la lista más votada, algo que jamás han respetado ni los unos, ni los otros, pero que ante la amenaza cada vez mayor de Vox, incluso sería insuficiente, si es que lo que de verdad se pretende es evitar que la ultraderecha pueda llegar a cualquier Gobierno.

Convendría ser mucho más explícitos a la hora de proteger nuestro sistema democrático de quienes, valiéndose de él, pretenden socavarle hasta los cimientos y para ello no estaría mal, que los dos grandes partidos de Estado dejaran claro que bajo ningún concepto permitirán que una formación neofranquista y profundamente antidemocrática, pueda llegar a gobernarnos valiéndose para ello de mensajes inequívocamente populistas, que como estamos comprobando y la historia ha demostrado, pueden cosechar millones de votos.

Con el actual panorama y con el preocupante horizonte al que nos encaminamos, no hay más solución que los partidos demócratas se unan para cerrar el paso al que no lo es y si para ello el PSOE tiene que facilitar que el PP Gobierne en Andalucía, así sea; al igual que si Feijóo tiene que posibilitar que Pedro Sánchez gobierne en España… ¿O es que alguien prefiere que por unas «esencias» mal entendidas, tengamos a Macarena Olona como presidenta de la Junta de Andalucía, o a Santiago Abascal en la Moncloa?

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    Ángel Mazón 1 mes

    «¿O es que alguien prefiere que por unas «esencias» mal entendidas, tengamos a Macarena Olona como presidenta de la Junta de Andalucía, o a Santiago Abascal en la Moncloa?» … por supuesto que «alguien lo prefiere», millones de votantes, y eso es lo que muestra quiénes sois los auténticos fascistas y antidemócratas, el más peligroso cáncer de este «modelo» de sociedad que nos hemos dado.

    Desde hace tres años y medio, pero especialmente desde hace exactamente dos meses tras los resultados de las elecciones autonómicas en Castilla y León, una pléyade de políticos, «periodistas» y opinadores varios del más variado pelaje, bajo la sorprendentemente supuesta defensa de los valores democráticos están mostrando, como el autor de este artículo, quiénes son los auténticos fascistas, los auténticos antidemócratas.

    Esta legión de repugnantes pregolpistas tercermundistas que acechan como ratas agazapadas en lugares tan variados como La Moncloa, emisoras de radio, redacciones de periódicos, cadenas de televisión, se nutren de la fácil aprobación de la inconmensurable masa de papanatas y discálculos más miedosos todavía que llorones, en que se ha convertido España.

    Pocas cosas más ridículas, y sobre todo más peligrosas respecto al mantenimiento de la paz en las calles de pueblos y ciudades españolas, que pretender aparecer como defensores de la democracia atacando gravísima y temerariamente lo más sagrado de la democracia: el incuestionable respeto al resultado de las urnas justamente cuando este no es el resultado que desearían.

    Desde hace dos meses, esa jauría fascista pregolpista está cuestionando la legitimidad de la conformación de un gobierno de coalición en Castilla y León cuando este se respalda en la voluntad popular materializada en una muy clara mayoría absoluta de la suma de ambos partidos en las Cortes castellano leonesas.

    ¿Sabréis asumir el resultado electoral en Andalucía en apenas dos meses? ¿O pretendéis incendiar España?

    Las ratas fascistas supuestamente demócratas saben que PP y VoX, o que VoX y PP, tienen garantizada la mayoría absoluta en las inminentes autonómicas andaluzas. Lo que parecen no saber es que en estos momentos la demoscopia no corrupta muestra que VoX obtendría, aunque no por mucha diferencia, más votos y más escaños que el PP, por lo que la probabilidad de que la próxima presidenta de la Junta de Andalucía sea Macarena Olona es mucho más elevada aún de la que suponen.

    La democracia española entra en una fase de grave peligro durante los próximos meses … pero paradójicamente este peligro proviene de que las ratas fascistas y cobardes no parecen dispuestas a aceptar el resultado de la voluntad popular expresada libremente en las urnas.

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