La vuelta a la escuela en la «nueva normalidad»

Después de varias semanas donde tanto los medios de comunicación, corrillos de amigos y grupos de WhatsApp ardían con la vuelta al cole.El día 10 se pegó el pistoletazo de salida del curso 2020 – 2021.

Toda la comunidad educativa andaluza tenía una mezcla de ilusión, miedo e incertidumbre. Durante estas semanas nos hemos visto envueltos en una amalgama de nuevas palabras tales como protocolo COVID, grupo burbuja, grupo de convivencia… un extra en el día a día en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Las acusaciones totalmente justificadas hacia una clase política que no ha sido capaz de hacer sus tareas, parece que han quedado atrás con la vuelta a la escuela de la nueva normalidad.

Como ya he comentado en los artículos anteriores, en Andalucía no nos han dado los medios ni las herramientas para llevar a cabo la labor docente con esa ratio de entre 15 y 20 alumnos por clase y hemos estirado los espacios en las clases como si del chicle Boomer se tratase, retirando estanterías para ganar algunos centímetros para la distancia entre pupitres. El colectivo docente se está esforzando al máximo para que el riesgo de contagio sea el mínimo. No somos kamikazes. Queremos preservar nuestra salud, la de nuestras familias, así como la de nuestro alumnado y sus familias. El esfuerzo en la prevención es extremo.

Los docentes no somos héroes sin capa ni ninguna de las expresiones que se pusieron de moda en mitad del confinamiento. Solo somos personas que amamos nuestro trabajo. Lo hemos demostrado cuando empezó la cuarentena, trabajando una cantidad de horas ingentes, contestando dudas, correos, WhatsApp y llamadas telefónicas fuera de nuestro horario laboral. Creo que ha quedado demostrado que nuestra labor no es exclusivamente enseñar logaritmos neperianos o a analizar morfosintácticamente alguna de las frases míticas del ciudadano normal Rajoy. Nuestra labor es llevar a la sociedad a un punto más alto cada día en todos los ámbitos de la persona y, ahora con el Coronavirus, aún más.

Llegados a este punto, las puertas de los centros educativos de Andalucía, se han abierto. Tengo que decir que el primer día de este curso, desde mi perspectiva docente, fue bastante triste. Acostumbrado a chocar las manos, dar un achuchón, hablar con una sonrisa y con cualquier otro gesto facial, vernos a todos con nuestras mascarillas puestas, fue un shock al que, aunque ya estaba mentalizado, no terminaba de acostumbrarme. Al respecto de esto, no hay nada más comunicador que la expresión que tenemos en los ojos. Cuando nos sentamos en el aula por primera vez, el brillo de las miradas de mis nuevos alumnos y alumnas me permitía saber que estábamos en el sitio adecuado, en el momento preciso. El protocolo funcionaba. Todo encajaba. Acababa de empezar el curso.

Sinceramente, estoy gratamente sorprendido por la capacidad de adaptación y la responsabilidad que ha mostrado nuestro alumnado. Desde el primer instante, han cumplido con las normas impuestas en esta nueva normalidad, con sus mascarillas, su distancia de seguridad e higiene con las manos y los materiales. Han dado ejemplo.

Siempre he dicho que los niños y las niñas tienen una capacidad de adaptación a los cambios casi camaleónica. De igual modo he comentado que el hándicap a todo proceso de cambio está en los adultos, a los que sus miedos, propios y/o infundidos, les paralizan y tratan de paralizar por instinto al de sus hijos. Los adultos subestiman, por regla general, hasta qué punto son capaces de acostumbrarse a cualquier cosa nuestros pequeños. Éstos, que no suelen oler el miedo (me remito a mi anterior artículo) pero si el respeto, están más que habituados en dos días a todo lo que conlleva haber vuelto al colegio en mitad del COVID.

Me indigna que, esas familias que tanto están protestando por la falta de seguridad y de espacio social en el colegio, en la puerta del mismo formen corrillos sin la más mínima distancia, despotricando sobre cómo van a estar sus hijos e hijas sin poder mantener la distancia. De igual modo, aquellos que después de no haberse visto durante un largo periodo de tiempo se han dado un abrazo, un beso, se han contado en petit comité sus hazañas veraniegas, mientras les decían a sus vástagos que no se acercasen a sus compañeros. ¿Perdona?

Como les decía, el pistoletazo de salida está dado. La meta es el 23 de junio. Durante este tiempo, ojalá el virus nos permita desarrollar nuestras clases con relativa normalidad. Y si nos alcanza, que pase por nuestro cuerpo de puntillas y que no contagiemos a quienes nos rodean.

Permítanme despedirme deseando a nuestros compañeros y compañeras docentes, a nuestro alumnado y a sus respectivas familias, un feliz, ilusionante y resiliente curso 2020 – 2021.

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COMENTARIOS

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    maite 1 mes

    Emilio soy Maite, me ha gustado mucho leer tu articulo y estoy de acuerdo con todo lo que expones al ser yo tambien docente.Animo y nunca desfallezcas.Abrazos.

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