Los Santos Inocentes

Pocas veces como este 28 de abril los españoles nos jugamos tanto. Sé que esta frase la habrán escuchado y leído decenas de veces antes, pero créanme, este domingo la cosa va más en serio que nunca.

¿Qué nos jugamos? se preguntarán. Ni más ni menos que regresar al pasado más oscuro de este país, o continuar avanzando, con muchos tropezones, con algunos pasos atrás, pero avanzando al fin y al cabo.

¿Qué ha pasado para que la cita del domingo sea tan trascendental?, se preguntarán. Pues ni más, ni menos que los herederos del franquismo más chusquero, brusco y macarra, ha emergido de las profundidades del PP donde se ocultaban, demostrándonos que el “lago azul” de Aznar, Rajoy y Casado, era en realidad un cenaguero, no solo de corrupción, que también, sino de nostálgicos de la dictadura, alumnos aventajados del nacional catolicismo y por qué no decirlo, de antidemócratas furibundos.

Lejos de “fumigar” a esas termitas de la democracia, el PP se ha echado en sus brazos, a cambio de gobernar -fugazmente ya verán- Andalucía y con la vana esperanza de frenar una hermorragia de votos, que aumenta cada día que pasa.

Pablo Casado ha perdido una oportunidad histórica, para pasar a la historia política de este país como un líder responsable y un auténtico estadista. Hubiera bastado con repudiar públicamente, a sus hijos políticos putativos y no dejar duda alguna de que con semejantes personajes no habría “casa común” posible. Sin embargo ha decidido todo lo contrario demostrando sus pocas y cortas luces políticas.

Si Pablo Casado está siendo un auténtico irresponsable, que puede llevar a un partido de la importancia del PP al borde del abismo, lo de Albert Rivera, no hace muchos meses la gran esperanza política de buena parte de este país, se estudiará en las facultades de Ciencias Políticas, como ejemplo de transformismo ideológico y lo que es peor, de uno de los harakiris más rápidos que se recuerdan.

Los dos “pimpollos” que nos han dejado para la historia una de las fotos más infames de la reciente historia política de nuestro país, blanqueando al fascista Abascal en Colón, se han convertido en simples manijeros de ese auténtico vividor de la política que es el presidente de ese partido, cuyo nombre me repugna incluso escribir.

Porque no lo duden, si el domingo les dan los números -la democracia no lo quiera- quien marcará el paso (de la oca) al Gobierno resultante, será un partido antisistema, contrario a la democracia y la Constitución, a la que prostituyen cada vez que la utilizan y que transita “por rutas imperiales, caminando hacia Dios”.

Si eso ocurre ustedes y yo, nos jugamos volver al tiempo de los Santos Inocentes, solo que la inmensa mayoría de los españoles seríamos Azarías, Régulo y Paco El Bajo; todos siervos de unos auténticos fascistas, para quienes todo lo que no sea que ellos manden es una anomalía histórica.

Nos jugamos tener la misma sanidad y educación que ellos, tengamos o no dinero para pagarla; nos jugamos que las mujeres de este país no sean ciudadanas de segunda; nos jugamos poder jubilarnos dignamente y ser atendidos “como Dios manda” cuando estemos en el ocaso de nuestras vidas; nos jugamos que 100.000 familias de este país puedan por fin enterrar a sus abuelos asesinados, por esos a quienes tanto admiran estos fantoches; nos jugamos recibir un salario justo por nuestro trabajo; nos jugamos que quien tenga más pague más y menos quien menos tenga; nos jugamos poder mirar a nuestros vecinos a la cara sin avergonzarnos por muros racistas y xenófobos; nos jugamos poder elegir que periódico leer, que radio escuchar, o que televisión ver; nos jugamos en definitiva nuestra dignidad como sociedad y como pueblo y no devolver el poder en este país, a los herederos de quienes lo bañaron en sangre y los sumieron en 40 años de dictadura, represión y vergüenza.

¿O prefieren subirse a una encina con “Milana bonita”?

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