Lotófagos

Para salir al patio de mi casa es necesario abrir una puerta y franquear otra hecha de reja que ordenamos instalar durante la construcción, al igual que cada hueco que hay en la vivienda, con el objeto de entorpecer el acceso a los cacos, que en mi barrio son legión y andan por los tejados como los gatos.

Pues bien, mi perrete, un cachorrito que mi mujer encontró abandonado en el río, se dio los primeros días de bruces con la forjada portezuela tras su inquieta espera a abatir la anterior, en su impetuoso deseo de allanar el patio, donde se hallan su comida y su agua. Esto ocurrió en al menos dos ocasiones, lo que me llevó a reflexionar en eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. ¿Conclusiones al respecto? Demasiadas, sería una divagación infinita, pero extrayendo alguna para abrir debate, se me antoja que los seres humanos, unos más que otros, chocamos de cabeza contra muros y ni aun sangrando, con el cráneo destrozado, dejamos de embestir a este u otros obstáculos para demostrar que llevamos razón, que no son paredes con las que estrellarnos sino inciertos caminos que nos conducen a la verdad.

Por ejemplo: sabemos que nadie es profeta en su tierra, que cualquier futurólogo debe emigrar lejos para hacer carrera, que se destapan casos de adivinos como estafadores en la misma proporción y a pesar de ello, estos se siguen forrando a costa del sinnúmero de incautos que a sabiendas acuden en ordenada fila para que les predigan el porvenir. Son hechos probados, aunque en contadísimas ocasiones condenados, los regidores políticos que se han enriquecido de manera fraudulenta, que tienen cuentas en paraísos fiscales, lo que pone de manifiesto lo anterior aunque no pueda demostrarse, y aun así, los seguimos alabando cual deidades de la política. Qué decir de las prácticas que ahora están saliendo a la luz con cuentagotas, (gracias a los audios que cierto policía corrupto tuvo a bien recoger para guardarse las espaldas), que uno de los partidos mayoritarios de nuestro país venía realizando para emponzoñar a sus adversarios, utilizando a instituciones democráticas para orinar, defecar y vomitar sobre la propia Democracia; pero no importa, los seguiremos votando y aupando al poder para que puedan continuar impunemente excretando sobre el populacho.

Qué decir de aquel militar de carrera, nacido en Ferrol, “es poca cosa”, alegaron sobre él los padres de su futura esposa al conocerlo, ignorantes de que a bombazos y balazos se convertiría en el amo de España, así como que su hija se haría por el morro con una incalculable colección de joyas y que juntos formarían una familia aristocrática que se adueñaría de una ingente cantidad de bienes, propiedades, etc… Pero todo está bien, cada 20 de noviembre se le recuerda con solemnidad, hasta hay quienes exigen con fervor su canonización, algo de lo más normal, en este, el país de los Reyes Católicos.

Me vienen a la memoria algunos de nuestros próceres que en su día se colgaron el título de grandes estadistas, que abusando de su poder y posición, desmantelaron un buen puñado de empresas públicas, a las que favorecieron después, y cuyas puertas giratorias traspasaron sin pudor para encontrar asiento en sus consejos de administración, obteniendo con esto un más que pingue salario, por no se sabe muy bien qué labor o función. Pero claro, no es suficiente para tan insignes figuras, por eso el Estado les asigna una magnífica pensión económica vitalicia, una perpetua escolta, vehículo oficial y otros privilegios añadidos para que sea más llevadero su merecidísimo retiro. ¿Por qué me acuerdo de pronto de Julio Anguita?… Y es que tantas cosas y personas quedan en el olvido… ¿Recordáis no sé qué canal con nombre de reina? Creo que estaba dedicado a Isabel II. ¿Recordáis a los “Albertos”?, ambos por aquellos entonces legítimos de las hermanas Koplowitz? Sí, los que eludieron condena y cárcel, además de recuperar con intereses el dinero depositado como indemnización a sus víctimas. Qué curioso, rebuscando en internet encuentro un artículo del año pasado publicado en El Periódico que se titula Vidas Ejemplares, las de los Albertos, claro, que además de contarnos como en 2008 volaron en helicóptero a La Zarzuela para celebrar su absolución con don Juan Carlos I, los vincula en 2016 con los “papeles de Panamá”, otro caso que está quedando en el olvido y empieza a formar parte del turbio pasado. Como quedarán, ya lo plasmó Quevedo con aquello de: Poderoso caballero es don dinero, los recién revelados “papeles de Uber, o Uber files”. Para hacer un ejercicio de memoria, voy corriendo a recuperar un pasaje de la mitología griega en el que se mencionaba a los lotófagos, o comedores de loto, aquellos que lo olvidaban todo y, por tanto, y esto lo añado yo, también lo perdonaban todo. Si alguien tiene la misma inquietud que me emule en esta búsqueda, no será difícil captar el paralelismo. Lotófagos, que somos unos lotófagos.

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