Maestros en tiempo de confinamiento

Dice el reconocido especialista en el ámbito de las nuevas tecnologías, Guy Kawasaki, que «si tienes que poner alguien en un pedestal, pon a los maestros. Son los héroes de la sociedad.»

En estos tiempos de pandemia y confinamiento y de aplausos a las ocho, para sanitarios, fuerzas de seguridad, ejército, dependientes, etc, etc, echo de menos el más elemental reconocimiento, para quienes, desde sus casas, con su ordenador y su internet particular y con pocas o ningunas directrices oficiales, están peleando como jabatos, para que sus alumnos no pierdan el curso, interrumpido abruptamente por este desastre llamado COVID19.

El comienzo de la cuarentena sorprendió a los docentes un par de días antes del anuncio oficial. El jueves doce de marzo por la tarde, se anunciaba el cierre de los centros educativos y todos los profes se pusieron a correr para idear cómo lo iban a hacer, no sin mantener una cierta esperanza de que al día siguiente, llegaran las instrucciones prometidas, aunque sabían que no iba a ser así y que todo al final, dependería de ellas y ellos.

El viernes trece se levantaron un poco antes y fueron más temprano a colegios e institutos, no fuera a ser que les quisieran comentar esas deseadas instrucciones, pero sonaron los timbres y comenzaron las últimas clases presenciales, sin más noticias sobre el incierto e inminente futuro

A muchos les tocó enfrentarse a mil preguntas de sus alumnos. Interrogantes que ni ellos mismos sabían contestar. Afortunadamente, en algunos centros se contaba con plataformas educativas, correo de todos los alumnos y clases virtuales, que en la mayoría de los casos ya se habían puesto en funcionamiento a lo largo del curso, para colgar algunos materiales o realizar actividades. Pero no todos los centros eran tan afortunados.

Centenares de maestros y profesores se pasaron toda la jornada repitiendo lo obvio clase por clase, que les íbamos a mandar la tarea por la plataforma, o correo, que esto no son unas vacaciones, que si todo el mundo recordaba sus contraseñas, que no olvidaran llevarse todo su material, que intentasen mantener el horario de clase en la medida de lo posible, que por favor se lo tomasen en serio … y sí, que en la hora del recreo podían hacer lo que quisieran para despejarse. Imaginen cómo lo tuvieron que pasar los profes de aquellos que no cuentan con tantos recursos.

Cuando llegaron a casa, les tocó ponerse con la ingente tarea de escribir a los familiares de cada grupo para explicar cómo lo iban a hacer, cuando pensaban que solo serían quince días. Dejar mensajes en todas la plataformas para ver si los alumnos podían leerlos, e intentar organizar lo que sería, a partir de ese día, su nueva rutina de trabajo.

El caso es que sí, las instrucciones habían llegado a los directores a eso de las dos de la tarde y para no decir mucho más, que aquello tan socorrido de que todo lo dejaban a su criterio, incluso el hecho de mantener abierto el centro y no quedaba muy claro si la asistencia del profesorado.

Fin de semana sin descanso preparando el material para impartir las clases, valorando el tiempo que los niños y niñas podrían emplear en sus tareas sin sus profes delante para hacerles las aclaraciones que necesitaran. No es tan sencillo como parece. Entonces se dieron cuenta, de que además debían corregir las tareas, porque a pesar de haber grabado un vídeo muy bonito explicando cómo se hacen todos y cada uno de los ejercicios, los alumnos no se iban a dar cuenta de sus fallos. Treinta alumnos por clase a una media de 4 grupos diarios, solo había que corregir 120 tareas en una tarde. No se quejaron, se pusieron a ello y así hasta hoy.

Todo esto además de incentivar diariamente y a distancia a los niños y niñas. Lo han hecho con su mejor intención y con lo que entendían que era lo más lógico y aconsejable para los alumnos. Porque de nuevo llegaron instrucciones para la segunda evaluación, y de nuevo todo quedaba a criterio de dirección. Y así han seguido, grabando, explicando, contestando dudas, avanzando y evaluando.

El caso es que pasa el tiempo, y nuestros docentes siguen sin unas instrucciones claras, entienden que es difícil porque hay mucha diversidad, y lo saben porque tienen clases de treinta niños, con dos repetidores, alumnos con necesidades específicas, otros que sobresalen y el resto de la clase, todos con sus particularidades. Son quienes cada día tienen que preparar los materiales de la clase, quienes siguen avanzando poco a poco porque creen que sus alumnos pueden, de hecho muchos lo están haciendo ahora mejor que antes, pero no en todos los centros es así. Y les gustaría saber qué se supone que tienen que hacer. Por aquello de ser justos con sus alumnos frente a otras comunidades, porque gracias a las noticias publicadas en los medios, han pasado días intentando convencer a los alumnos de que tenían que seguir trabajando, que el curso no se había acabado.

Cada profe tiene su opinión de cómo debería acabar el curso con sus alumnos, pero quieren, y es lógico que lo quieran, un pacto nacional para ser justos con todos aquellos alumnos que no han tenido tanta suerte, no tienen tantos medios, o no se los están proporcionando. Quieren ser justos con esta generación, cuyo futuro depende en buena medida, de las notas que consigan este curso, con las que tendrán que competir para entrar a un ciclo o un grado universitario.

Está claro que las familias se están esforzando, los alumnos se están esforzando, y los profes se están esforzando. No parece sin embargo que la administración esté a la altura.

Los docentes están poniendo actualmente todos los recursos con los que llevan a cabo su tarea: luz, móvil, ordenador, tablet. De hecho ya lo llevan haciendo tiempo puesto que se pretende que sean innovadores, que trabajen las nuevas tecnologías, pero en un centro bien dotado hay media docena de ordenadores. Nadie se ha preguntado, si quienes enseñan a nuestros niños y niñas, también necesitan un mejor acceso a internet o mejor tecnología para atenderlos. Nadie se ha planteado que muchos profesores tienen en casa hijos que también necesitan esos equipos para trabajar.

Tampoco se ha explicado por qué muchos interinos dejaron de ser llamados para cubrir bajas, por lo que también han tenido que cubrir ese trabajo, hasta esta semana que se ha comenzado de nuevo a realizar llamamientos.

Estamos ante un trabajo diseñado para ejecutarse de forma presencial, por lo que el hecho de convertirlo en teletrabajo, les está suponiendo, como mínimo, doblar la jornada, con las pocas herramientas habilitadas un par de semanas después de cerrar los centros y que están demostrando ser del todo insuficientes.

Por no hablar de quienes tienen la responsabilidad de preparar a los alumnos para un acceso a la Universidad que todavía no saben cómo se va a realizar, o de que no hay forma de sustituir unas prácticas de empresa para los ciclos formativos.

Y cuando apagan el ordenador y miran un poco el móvil por desconectar, se encuentran con la noticia de que las mentes privilegiadas que rodean a Imbroda, están pensando que los profes vuelvan a los centros, dicen que para coordinarse mejor. Y se enfadan, porque si nadie se ha preocupado por ellos, si tenían o de si disponían de todos los medios para teletrabajar, se preguntan si esa posible vuelta al cole solo para profes, es porque alguien desconfía de si están o no trabajando, sin que se piense en el riesgo que corren de enfermar.

¿Se merecen, o no se merecen los profes el aplauso de las ocho?

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COMENTARIOS

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    Rosa Torres 5 meses

    Muchas gracias Agustín. Yo no podría expresarlo mejor. Un beso grande desde Jaén

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    Rafael García 5 meses

    Agustín: gracias por ese reconocimiento a nuestra labor. Tus palabras nutren nuestra dedicación. 

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    T.C. 5 meses

    No lo ha podido usted expresar mejor.

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    Mariana 5 meses

    Que explicación más buena.
    Gracias es la pura realidad.

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