¡Menudas tragaderas!

Una imagen de la infancia: mi padre, sentado en una silla, sujeta con las rodillas el cuello de un pavo histérico comprado para la Pascua; con una mano abre el pico y con la otra mete habas secas que empuja con los dedos; a cada poco, con los dedos de una mano ayuda a bajar las habas por el cuello hasta el buche. Nunca supe qué capacidad tenía el pavo, cuántas habas pasaban por sus tragaderas en cada sesión de engorde.

Pienso en el pavo cuando veo a los súbditos de esta democracia, sus tragaderas sin fondo y las montoneras de habas secas que por ellas meten sin que aparezca en el horizonte una Pascua que ponga punto final a tan cruel martirio. España se antoja un inmenso corral de pavos con millones de cuellos erguidos, glugluteando a coro para que los atiborren de habas secas mientras contemplan ilusos cómo se va calentando el horno.

En 2007 nos tragamos una crisis provocada por la banca que hizo sufrir a millones de personas, a cientos de miles de familias. Los dedos del Partido Popular fueron implacables con nuestros bolsillos, con las esperanzas de un pueblo sumiso que dio muestras de poseer unas tragaderas ilimitadas. La banca, hoy, sigue robando. Con el cambio de gobierno, llegaron una borrasca glacial, una pandemia, un volcán y una guerra que han servido para embutir más habas por las tragaderas ciudadanas cuando parecían saturadas.

Nos tragamos la subida de la luz (beneficios de Endesa y Cía), de los carburantes (beneficios de Repsol y Cía), de la cesta de la compra (beneficios de Carrefour y Cía), de los productos agropecuarios (beneficios de Mercadona y Cía), de la vivienda, de la hostelería… la de todo lo que los mercados decidan subir. Las bolsas, las multinacionales, los fondos de inversión (los mercados), exploran la capacidad de las tragaderas y las habas inflacionistas son aprovechadas por las derechas (los mercados) para derribar al Gobierno y convencer al pavo de que será comensal privilegiado en la cena de Pascua.

Y para postre, las habas podridas de una democracia famélica de ética, de escuálida dignidad y corrupta en sus cimientos políticos, judiciales, económicos, financieros, policiales y mediáticos. Por las tragaderas españolas bajan Cospedal, Fernández Díaz, García Castellón, Lesmes, Villarejo, Pegasus, Ferreras, la corrupción del Partido Popular, la del PSOE, la de la Casa Real, la pederastia de la Iglesia Católica, el desprecio al pueblo saharaui, los asesinatos en la valla de Melilla, la estafa de la OTAN, la presencia del fascismo en las instituciones y toda la ciénaga que amenaza con tragarse los restos de la democracia que, dicen, una vez hubo.

¿Alternativa? Un gobierno de un partido corrupto, dirigido por el colega de un narcotraficante y con apoyos fascistas.

¡Más habas!, que caben. ¡Menos democracia!, que sobra.

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