Políticos del chavico 4.0

El chavico era una moneda de 10 céntimos de la antigua peseta. El ochavo o chavico era usado en Granada y la palabra tenía y tiene a veces, un sentido peyorativo, ya que se suele decir que las gentes de esta tierra más que ahorradores, como se esforzaban en mostrar, eran tacaños.

Pues no. Granada no es la tierra del chavico, sino que al contrario, en los momentos adversos sabe demostrar la generosidad de sus ciudadanos, aunque a la luz de nuestra más reciente historia, quienes sí son gentes del chavico -en el peor sentido de la palabra- son algunos de nuestros políticos.

Desde tiempos de Antonio Jara, Granada no ha tenido políticos con un proyecto de ciudad ambicioso y mucho menos con la independencia y valentía para poner los intereses de esta ciudad, por encima de los de sus respectivos partidos. Y claro, así nos ha ido.

Si de los actuales responsables municipales hubiera dependido, esta tierra no tendría hoy ni Palacio de Congresos, ni el nuevo estadio de Los Cármenes, ni el palacio de deportes, ni Sierra Nevada, ni circunvalación, ni encauzamiento urbano del río Genil. No habríamos organizado un Mundial de Esquí Alpino, ni varias ediciones del rallye Dakar, no existiría la Orquesta Ciudad de Granada, etc, etc, etc.

Por el contrario esta impresionante ciudad ha consentido que la alta velocidad llegue tarde mal y nunca, ha «tragado» con que el tren siga partiendo la ciudad en dos -que envidia de Murcia-, con que las inversiones y los grandes espacios culturales andaluces hayan emigrado a Málaga, con que la capitalidad judicial de Andalucía se haya ido vaciando de contenido y acabe siendo un mero título honorífico … Todo para no «molestar» a quienes mandaban y mandan donde se deciden listas y nombramientos

La saludable y natural «renovación» de nuestros políticos, por generaciones mejor formadas y preparadas, ha desembocado en Granada en el curioso fenómeno de que cada nueva hornada es peor que la anterior, reproduciendo sus defectos, y acreditando escasas virtudes.

Y así llegamos al momento actual, en el que el esperpento que vivimos en el Ayuntamiento de Granada, ha desembocado en el mayor expolio de activos de esta ciudad que pudiéramos haber soñado en nuestra peor pesadilla.

Primero ha sido la desafectación total de las «joyas de la corona», Sierra Nevada y la Alhambra, donde hemos pasado del «Sevilla nos roba», al «donde dije digo, digo Diego» y después el atraco sobre dos de las más exclusivas y prestigiosas ofertas de esta ciudad, el Parque de las Ciencias y la Escuela Andaluza de Salud Pública, el primero manejado desde Sevilla y la segunda en vías de absorción y desaparición, en ese Instituto de Salud, que nadie ha reclamado y que también se gestionará a sombra de la Giralda.

¿Han escuchado ustedes levantar la voz contra semejante expolio, por parte de algún representante de las fuerzas políticas que están tomando estas decisiones? Seguro que no. Como tampoco antes las escucharían, frente a los atropellos de que esta tierra viene sufriendo desde hace décadas, a manos de todos los gobiernos que en Sevilla han sido.

Pero sin duda, la gota que debería colmar el vaso de cualquier ciudadanía mínimamente exigente es el rechazo de 9,4 millones de fondos europeos, para combatir el desempleo, en una ciudad en la que 21 de cada 100 personas en edad de trabajar, no tienen empleo. Dicen Ciudadanos y el PP que esta medida supondría «la quiebra técnica» del Ayuntamiento, lo que demuestra la escasísima capacidad e iniciativa que demuestra este equipo de Gobierno.

Semejante decisión califica a quien la toma, pero además convierte a la ciudad que la adopta en el hazmerreir del concierto nacional e internacional de ciudades, que se pelean a diario por conseguir este tipo de financiación. Solo políticos del chavico 4.0, como los que ocupan la planta noble de la Plaza del Carmen, pueden adoptar semejantes acuerdos que nos humillan como ciudad, y nos convierten en auténticos parias de cara a nuestro futuro de más allá de los Pirineos.

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