Tienen el gobierno, no dejemos que tengan el poder

Evidentemente gobernar una institución, ya sea la Junta de Andalucía, el Gobierno de España o un Ayuntamiento, es importante. Es fundamental tener el BOE o el BOJA. Pero también sabemos que, en realidad, mandar lo que se dice mandar, suelen hacerlo gente que no se presenta a las elecciones. Hablo del poder económico del IBEX 35 y sus influencias más o menos explícitas sobre el poder político. Ahora bien, no subestimemos el poder que tiene la gente, ese ente que cada cierto tiempo llaman a las urnas y a la que temen. ¿Por qué si no iban a gastar tanto dinero en medios de comunicación que limpien la imagen de quiénes nos gobiernan? Tienen que parecer cosas que no son para poder seducir a sus posibles votantes. Nos tienen miedo, aunque se encuentren seguros en sus sillones porque pocas veces lleguemos a ponerles nerviosos.

Con unos sindicatos mayoritarios debilitados, sin duda por sus derivas, pero también por los ataques del poder, unos sindicatos alternativos que no acaban de despegar y ser referentes de trabajadores y trabajadoras, unas organizaciones sociales que se han visto desnutridas por el paso de líderes importantes a partidos políticos emergentes, sin medios de comunicación suficientemente fuertes que hagan de contrapeso a los del sistema, con las redes sociales cada vez menos libres y más emponzoñadas, con un panorama así, parecería que carecemos de posibilidades. No lo creo, ni mucho menos. Si estamos de acuerdo en nuestras debilidades, la falta de herramientas de la gente común, la que no toma decisiones, la mayoría, lo tenemos fácil: toca reconstruirlas.

Tienen el gobierno, pero no dejemos que tengan el poder, al menos no todo. Nuestra sociedad andaluza no es lo que reflejan las medidas de los gobiernos. En estos últimos años se ha ido evolucionando hacia posturas feministas, aunque quede mucho por avanzar. Se ha construido una conciencia más ecológica, capaz de, por ejemplo, poner por encima la calidad del aire que respiramos en las ciudades de la comodidad de nuestro coche. Se valora lo público, nos enorgullece a pesar de las decisiones de los políticos de turno. Somos una tierra de acogida, porque también tuvimos que irnos a buscarnos la vida fuera.

Ahora, desde el gobierno, ya sea el de la Junta, ya sea el de los municipios del trifachito o sus Diputaciones, nos intentarán hacernos creer que ya no pensamos como pensábamos antes de las elecciones, que somos más machistas, más insolidarios, más racistas y xenófobos, más neoliberales. Ese poder de cambiar nuestras mentes, nuestros haceres en lo cotidiano, nuestras relaciones, debe pertenecernos. No dejamos que venzan ahí. Que no nos convenzan. Está en nuestras manos.

Otro día, si queréis hablamos de cómo las ideas en el Gobierno no cambiarán tanto, porque los anteriores gobiernos, en lo esencial, no han cambiado. Siguen una línea económica neoliberal, más o menos acelerada. Una agenda de adelgazar lo público porque ahí hay negocio para las empresas amigas. Unas políticas de empleo que buscan fidelizar votantes y precarizar para someter a la clase trabajadora. Unas políticas medioambientales que cumplan formalmente con la ley pero que esquiven la transición ecológica que necesitamos para seguir viviendo.

Si que quieren cambiar el discurso y la agenda de prioridades, introduciendo sus términos para confundir, para diluir el imparable avance social. Por mucho que ahora quieran hablar de violencia intrafamiliar, nada nos debe cambiar la idea de que una cosa es la violencia de género y otra es la violencia hacia un menor o un mayor, no por una cuestión de gravedad mayor o menor, sino por una cuestión de causas, si es que alguien quiere acabar con unas violencias y otras. Evidentemente no les interesa, simplemente quieren imponer sus ideas. También se hablará de apoyo a las mujeres que quieran abortar, pero claro, para convencerlas de que no lo hagan, como si no pudieran decidir. Eso sí, nada dirán de cómo apoyar la natalidad deseada y hasta que el niño o la niña tenga edad y posibilidades de emanciparse. O cómo apoyaran a esos niños y niñas encerradas en un cuerpo de sexo distinto al sentido. O cómo a esos niños y niñas inmigrantes no acompañados. Dirán que luchan contra la inmigración irregular cuando lo que lucharán es contra las organizaciones que prestan ayuda a la inmigración, a los seres humanos más desprotegidos en nuestra tierra, testigos incómodos de una realidad que no gusta a los gobiernos. Nos querrán retrotraer a 1492, pero desdeñarán la memoria más cercana, la que dejó en la cuneta a miles de andaluzas y andaluces en pleno siglo XX. Hablaran de la importancia del mundo rural, pero no harán nada para que las economías locales se fortalezcan, ni el cooperativismo avance, ni que la vida en las ciudades sea más vivible, ni querrán que se acabe con la gentrificación de los centros de las ciudades.

Hoy toca sacar la dignidad de nuestro pueblo y parafraseando la célebre frase de aquel jornalero andaluz, gritemos: en nuestras ideas mandamos nosotros y nosotras. Y toca demostrar los cambios de nuestra sociedad en la calle. Pero también con la organización. Ya no es tan fácil torear a nuestra gente. Rehagamos las herramientas que necesitamos o inventemos unas nuevas. Organización debe ser una palabra tesoro a partir de ahora. Organización para resistir, pero también para construir. Organización para no dejarnos colonizar nuestras ideas. La vida continua, a pesar de la política.

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COMENTARIOS

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    Juan Jiménez 1 año

    Me ha gustado especialmente lo de «parafraseando la célebre frase de aquel jornalero andaluz, gritemos: en nuestras ideas mandamos nosotros y nosotras.»
    Hay que ser muy creativo para resumir la posverdad en una frase. ¿Se imagina alguien esas palabras, nosotros y nosotras, en el hipotético jornalero (naturalmente andalucista) de no se sabe qué década? ¡’Amos, anda!

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