Abraxas, un dios antagónico

El filósofo griego Heráclito de Éfeso, en el siglo V antes de nuestra era, dejo escrito: «Dios es día y noche, invierno y verano, guerra y paz, hartura y hambre». Entre las ‘Enneadas’, colección de escritos recopilados y editados por Porfirio cerca del año 270, se dice que Plotino describe a sus alumnos un cielo inconcebible, en el que «todo está en todas partes, cualquier cosa es todas las cosas, el sol es todas las estrellas, y cada estrella es todas las estrellas y el sol», proponiendo un panteísmo en el que dios abarca diversas cosas contradictorias o, mejor aún, misceláneas. El ‘Bhagavad-gita’ o ‘La canción de Dios’, un importante texto sagrado hinduista compuesto supuestamente en torno al año 3100 a.C. define al creador diciendo: «El rito soy, la ofrenda soy, la libación de manteca soy, el fuego soy».

Según Hermann Hesse, en ‘Demian’ (1919), «Abraxas es un dios que une simbólicamente lo divino con lo infernal, lo bueno con lo malo, la vida con la muerte, ese fuego filosofal que une al hombre con la mujer. Venera las dos partes. Es la unión sagrada, es la ambigüedad de la existencia». «El pájaro rompe el cascarón —explica el autor alemán—. El cascarón es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia dios, el dios se llama Abraxas». Así, el existencialista alemán nos acerca al antiguo (y antagónico) dios en que confluye todo el bien y todo el mal, la luz y la oscuridad, la sabiduría y la ignorancia, el amigo y el traidor. Por lo tanto, en consecuencia, Abraxas es dios y demonio al mismo tiempo. El yin y yang de las religiones orientales.

Pascal avecina esta idea a la humanidad y se pregunta: «¿Qué es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con respecto a la nada. Un intermedio entra la nada y el todo». Khalil Gibran lo reafirma diciendo: «Somos lo infinitamente pequeños y lo infinitamente grandes, y somos también la senda entre ambos».

Pese a su importancia en tiempos pasados, Abraxas hoy día es un ser bastante desconocido, sobre todo en occidente (aunque en 1978 se publicara el disco ‘Bloque’, primer álbum de estudio del grupo cántabro del mismo nombre, donde destacaba el tema casi recitado, ‘Conociendo a Abraxas’, en el que declaran: «Tú, poderoso y decisivo / Nosotros, absurdos / Y tú, ¡realidad!, ¡maldad!, ¡bondad!, ¡todo!»).

Las sectas gnósticas, de donde procede el concepto, solían usar el nombre de este dios como talismán grabado en ciertos cantos, llamados ‘Piedras Abraxas’, en las que porta un garrote en sus manos e incluye el número 365. El símbolo de Abraxas es un círculo partido a la mitad en forma diagonal: Ø (alegorizando la unión hombre-mujer), también se lo representa con una balanza nivelada con dos cabezas de águila.

Los Basilidianos, secta gnóstica fundada por Basílides de Alejandría, que existió en el siglo segundo, pensaban que el ser supremo Abraxas creó el mundo y que posteriormente fue expulsado por Jesucristo; creían que la tierra había sido creada por él; pensaban, de igual forma, que su nombre encerraba grandes misterios debido en parte al hecho de que las siete letras griegas que lo componen (ἄβραξας) suman un total de 365, la cifra de los días del año. Se creía, además, que comandaba sólo a tres dioses, cada uno de ellos poseedor de una virtud.

Los etruscos (posible tomado del dios egipcio ‘Abrak sax’, que significaba ‘Palabra sagrada’) lo llamaban Abrasax o Abracax, los druidas celtas Abrxia y en otras culturas Abraxis, Rasaxe, Baechen, Avichehem, Avichaem y Anusix. También fue adorado por los cainitas.

En la Edad Media, el personaje de Abraxas cambió su perfil para convertirse en un diablo grotesco y los demonólogos lo representaban con cabeza de rey o de gallo y dos serpientes en lugar de piernas («el Anguípedo»); con armadura, látigo y escudo que se reproducía en inscripciones en el suelo, paredes, puertas, y hasta en el cuerpo de quien lo invocaba por ayuda. Rara vez entablaba conversación con su víctima a quien no dejaría hasta cumplirle su petición o deseo a menos que se lo pidiera, pero sólo obedecía a aquellas personas a quien considerara buenas; si quien le ordenaba es una persona mala, sólo logrará enfurecerle, pues sus adeptos aseguraban que «en sus manifestaciones suele ser amable y piadoso con aquellas personas a quien considera buenas y despiadado con aquellas a quien él considera malas».

Según Collin de Plancy en su ‘Diccionario Infernal’, publicado por vez primera en 1863, en la entrada Abraxas refuerza todo lo antedicho: «El más antiguo de los dioses, según ciertos sirios y persas, su nombre está compuesto de las 7 letras griegas cuyo valor numérico es igual a 365. Los Basilidianos, herejes del siglo II, le hacían el jefe de 365 genios que regían los días del año. Había enviado a Cristo a la tierra como un “espectro benévolo”. Su nombre ha dado al Abracadabra mágico llevado como filacteria. En demonología, ha pasado a ser un demonio coronado, con cabeza de gallo, grueso vientre, pies de serpiente y cola raquítica, que lleva un látigo. También conocido como Abracax». No cabe duda, por otra parte, que la palabra Abraxas es simbólica pues cada una de las letras corresponde con uno de los planetas conocidos en las primeras épocas del ser humano que a su vez coincide con los siete dioses principales (Kronos, Zeus, Poseidón, Hades, Afrodita, Ares y Hermes o, lo que es lo mismo, Saturno, Júpiter, Neptuno, Plutón, Venus, Marte y Mercurio)

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