Asaja advierte que la sequía y el incremento de costes marcarán la producción del año agrícola

Asaja advierte que la sequía y el incremento de costes marcarán la producción del año agrícola

La sequía y el incremento de costes de producción que afectan directamente a la rentabilidad de las explotaciones y los bajos precios marcarán el año agrícola 2021-2022 y la viabilidad del sector de cara al futuro, según han señalado este miércoles desde Asaja en la provincia de Granada, en un encuentro con periodistas.

A las dificultades por la sequía y los altos costes se suman, según ha detallado desde Asaja Granada en una nota, otras cuestiones que marcarán el año agrícola, tales como la definición del Plan Estratégico Nacional de la Política Agraria Común entre el Gobierno y las comunidades autónomas, con «la andaluza luchando por no sufrir más perjuicios, así como «la dudosa repercusión que tendrá para los agricultores y ganaderos granadinos».

Han lamentado «los intentos del Gobierno por criminalizar el campo, entre otros, la guerra contra el consumo de la carne, las agresivas campañas de la Inspección de Trabajo o las radicales posiciones contra la actividad cinegética» a la par que «los incumplimientos de la Ley de la Cadena Alimentaria y la persistencia de las prácticas desleales en contra de la producción primaria; la reforma laboral y la posible supresión de la figura de los temporeros o el nuevo Plan Hidrológico del Guadalquivir, que olvida los proyectos de infraestructuras en Granada o la ampliación de zonas de regadío».

Han incidido también en que Granada finalizó un año agrícola 2020-2021 complicado tras las consecuencias del covid-19 con el cierre del mercado y la crisis de precios que arrastraban algunos cultivos, como el del mercado del aceite de oliva, y producciones ganaderas, como el sector del vacuno de leche, fundamentalmente, mientras que, «en el nuevo año agrícola iniciado el 1 septiembre de 2021, sigue sin abandonarnos la preocupación y la incertidumbre al sobrevenir otras dificultades como el fuerte encarecimiento de las semillas, los fertilizantes, la energía, el gasóleo y los salarios», que duplican los costes de una explotación.

A ello se suma el déficit de precipitaciones, con los embalses de nuestra provincia en un alarmante 27,38 por ciento de su capacidad y la declaración de sequía extraordinaria en la cuenca del Guadalquivir, al 26,32 por ciento, que restringe los riegos en el subsistema de las Vegas altas de Granada, la Hoya de Guadix y Cubillas-Colomera.

A grandes rasgos, los agricultores y ganaderos pudieron sacar adelante las cosechas de 2020/2021 con producciones medias en aceite de oliva (126.000 toneladas) y almendra (11.000 toneladas), que comenzaron a repuntar en precio a primeros de año y mediados, respectivamente, normalizando una situación anterior de bajos precios que en el caso del aceite se arrastraban de dos campañas anteriores.

«No obstante, se perdió el 60 por ciento de la producción de almendra en la zona norte, Baza y Huéscar, causando importantes pérdidas económicas». También hubo una cosecha medio-alta en cereales, de 152.000 toneladas (trigo, avena y cebada), pero con una reducción Importante respecto de la anterior (-25 por ciento), siendo de nuevo la zona norte de la provincia la más afectada, sin que los precios al alza significaran un alivio para el agricultor que progresivamente va abandonando el cultivo.

La campaña de hortalizas se desarrolló con altibajos y con picos de sierra en las cotizaciones, destacando el descenso del precio medio del tomate un 15 por ciento (0,55 euros/kilo) y la caída del pepino un 13 por ciento (0.20 euros/kilo) a finales de 2020.

A pesar de todo, el cultivo del pepino se mantuvo fuerte, con 107.156 toneladas y 1.064 has, y con cotizaciones medias de 0,47 euros/kilo. Sí preocupa el cultivo del tomate, afectado por el acuerdo comercial de Marruecos que va reduciendo superficie (-8 por ciento) y producción con 315.427 toneladas (-10 por ciento).

El sector del espárrago verde, producto líder, destacó por su buen comportamiento, con una producción de 30.000 toneladas y un precio medio de 1.80 euros/kilo. Los subtropicales repitieron las buena cifras cosechadas en años anteriores.

La nueva campaña de recogida de aceituna 2021/2022 está iniciada en las comarcas de Iznalloz, Alhama y la Costa, siendo más tardía en Guadix, Baza y Huéscar, Alpujarra y Valle de Lecrín. El primer aforo de aceite estimó una producción de 105.000 toneladas para la próxima campaña 2021/2022, un 17,3 por ciento inferior a la anterior y un 13,5 por ciento inferior respecto de la media, no mejorando la situación las últimas lluvias de octubre al encontrarse aceituna ya arrugada en muchas parcelas de secano.

Se espera que los precios en origen se mantengan como hasta ahora en algo más de tres euros/kilo. La falta de lluvias también está condicionando la nueva campaña de siembras de los cereales que se retrasa en algunas zonas porque las tierras no están preparadas para el buen desarrollo de las plantas, y se prevé disminución de superficie por las subidas de los insumos y la energía, que «hacen de esta campaña la más cara de la historia».

Los subtropicales, en plena recolección, se espera que mantengan los niveles de producción del 2020, aunque la ola de calor del verano no ha favorecido la cosecha. La proyección de los cultivos para el año 2021/2022 es «totalmente imprevisible» ya que desde el 1 de noviembre quedaron suspendidos todos los riegos y los agricultores no podrán utilizar el agua de los cauces ni pantanos.

Por otra parte, la ganadería de carne, tanto de vacuno como de ovino lleva años en situación de crisis de precios por la bajada de consumo y en la pandemia sufrió la peor parte por el cierre del canal de hostelería y restauración, sumándose ahora el encarecimiento de los precios de la alimentación y de la energía para «crear la tormenta perfecta, con lo que los ganaderos no pueden rentabilizar sus explotaciones».

Por último, han detallado desde Asaja, el vacuno de leche «sufre la tiranía de la industria que paga a los productores por debajo de los costes de producción, y las prácticas fraudulentas de la venta a pérdidas por parte de la distribución utilizando la leche como producto reclamo».

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