La derecha y la “clase media”

Llama poderosamente la atención la confusión que parece apoderarse de buena parte del personal que, a pesar de sus evidencias, económicas y sociales, se consideran de clase media, incluso de clase media alta y como tal se comportan a la hora de acudir a las urnas.

Uno de los ejemplos más llamativos lo tenemos en el Madrid de Ayuso, donde la lideresa ha sido capaz de hacerse con los votos del conocido como “cinturón rojo”, localidades donde la renta media, los equipamientos, el nivel de estudios de los votantes, etc, es claramente de clase baja y donde Isabel Natividad ha sido capaz de convencerlos, de que son clase media y por lo tanto deben apoyar sus políticas ultraliberales y privatizadoras que atentan directamente contra sus intereses más elementales.

Pues bien me van a permitir que con la inestimable colaboración de Daniel Bernabé y del tuitero @dentropormuerto, intenté ejemplificar de qué va la derecha que nos pide nuestro voto y cual es la prueba del algodón para saber si somos o no, clase media.

La derecha tiene el mando de gran parte de las instituciones públicas, de los altos funcionarios, del poder judicial, del aparato mediático, de los resortes culturales, religiosos, educativos y, por supuesto, del poder económico.

Cuando pierden el control del Legislativo y el Ejecutivo, únicas esferas elegidas mediante sufragio, te montan la mundial. Este es su particular concepto de democracia tutelada.

Lo peor, lo más estomagante de esta época mostrenca, es que este sabotaje te lo plantean además desde la rebeldía. Tipos con la vida resuelta desestabilizando el país desde la sobremesa de reservado de asador.

Mienten, difaman y ensucian. Hacen irrespirable la vida pública. Nombrando como asalto al normal funcionamiento de las instituciones, mientras secuestran las que pueden al margen de la ley.

Embarran la convivencia, llaman libertad al egoísmo, razón de Estado a sus intereses personales, patria a su bolsillo, emprendimiento a la corrupción, beneficio a la explotación y propiedad al robo.

Su impulso descivilizatorio es tan salvaje que, a base de engañar, han conseguido que una parte creciente de la población piense que la tierra es plana, que las vacunas matan o que los pájaros no existen. Han hecho del presente una tragicomedia al borde de las llamas.

Reconducen toda la frustración que produce la desigualdad de su codicia a la lucha del penúltimo contra el último. Mientras saquean, a dos manos, inventan miedos y enemigos ficticios con los que aterrorizar al personal.

Para que nadie les tosa dicen que su derecho de cuna es meritocracia, que su juego amañando es competitividad y que su rentismo es excelencia. No producen, especulan, mientras recomiendan el trabajo duro a los demás. Algunos se lo creen.

Para acabar de rematar la función, en este siglo XXI de vuelta directa al XIX, han despertado lo peor del XX. Había que subcontratar la mano dura. Ya está planificada la boda: lleven camisa negra.

Pues bien, esa derecha es la que ha conseguido convencer a gran parte de la ciudadanía de que son clase media y que por lo tanto hay que votarles, porque ellos son quienes mejor van a defender nuestros intereses. Atentos, porque si haces una sola de estas 20 cosas, realmente no eres clase media, eres clase trabajadora.

Si le das la vuelta al bote de gel de ducha, si escuchas follar a tus vecinos, si no puedes cargar un coche eléctrico, si rebañas el paquete de la mantequilla, si en tu frigo o en tu despensa la mayoría de los productos son de marca blanca, si te vas de rebajas una vez al mes, si usas ropa de otras temporadas, si tus hijos comparten habitación en casa, si haces una cena con amigos y las sillas de la mesa son distintas, e incluso hay algún taburete, si tienes platos o tazas con desconchones y los sigues utilizando, si tienes que apilar las sartenes y cacerolas a la hora de guardarlas, o tienes que meterlas en el horno, si te toca planchar, poner lavadoras, fregar, barrer o aspirar, si tus hijos no tienen un iPhone ni una PS5, si comes de menú, si cuando te llega el seguro del coche te jode el mes, si tienes un canapé en la cama para guardar cosas, si sales a cenar y miras los precios de los platos, si no tienes una bodeguita en tu casa, si guardas el aceite de cocina después de usarlo y si dejas de trabajar y no puedes mantener tu nivel de vida, no eres clase media, eres clase trabajadora y por lo tanto la derecha no va a defender tus intereses.

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COMENTARIOS

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    Manuel 1 mes

    Creo que se han pasado con las consideraciones. Desde este punto de vista nadie es de clase media. Para mí estos 20 mandamientos se resumen en dos: Poder pagarte un piso ( en alquiler o en propiedad ) sin necesidad de compartir y disponer de dinero suficiente para tomarte unas vacaciones.

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