Lo que tenemos que celebrar

No aburriré haciendo una enumeración de falsos logros del régimen andaluz durante el 38 más 2, que es el espacio de 40 años —no cuento el período preautonómico— trascurrido desde aquel aciago 28-F en que comenzó para Granada el camino de su eliminación.

Veo en televisión, leo en ediciones y oigo en radios la campaña desplegada por la Administración de Junta, llamando a celebrar esos 40 años. Cuatro décadas de no sé qué para Granada, que no sea la más completa y absoluta nada, de la total negación de nuestra región, que ha sufrido con esta autonomía la más grave expropiación de sus instituciones, cosas y significado, que jamás se hubiese podido imaginar ni por el más osado de los profetas.

El Gobierno andaluz nos llaman a festejar el próximo día 28 de febrero el hecho de que hace 40 años se produjo un referéndum que fue amañado en el que una parte de aquellos pretendidos andaluces, engañados y ciegos por falsas promesas e ideales a un más mendaces, dijeron de acceder a la autonomía por la vía del art. 151 de la Constitución. Imagínense si hoy todavía muy pocos han leído la Constitución, pensemos lo que la habría leído un pobre ciudadano del momento…

Lo que es innegable es el total desapego de Granada hacia el fallido proyecto andaluz. Si ese aquel referéndum se celebrara hoy, hasta sin apaños saldría que no a esa idea descabellada y dañosa que fue formar comunidad autónoma con otra región tan diferente y voraz con la que muy poco teníamos, y tenemos, que ver, con la Andalucía occidental. Claro que lo que a aquellos granadinos se les preguntó no fue eso. Ni siquiera se les preguntó algo que pudieran entender, porque la proposición de la consulta fue algo así como: “¿quiere usted acceder a la autonomía por la vía del 151 o quiere usted…?”, poco más o menos. Y con los aires y proclamas del momento en la que todos gritaban, con la transición y la recién estrenada democracia, “Libertad, Amnistía y Autonomía”, muy pocos repararon en el engaño que se hacía caer a Granada. Los frutos de este entuerto, del baldón llamado Junta de Andalucía, son los resultados que padecemos, donde Granada, capital y provincia, y Granada como región histórica, ha llegado a la actualidad con nada absolutamente que celebrar el próximo 28 de febrero.

Este análisis particular —en el sentido de propio— en el que ahora muchos convergen por la tozudez de los hechos y de la realidad vivimos, es lo que está haciendo que, en la ciudad, en la provincia y en buena parte de la histórica región granadina, algo se esté moviendo para cambiar la deriva de nuestra tierra.

La actual dirigencia de la Junta de Andalucía, sevillanista y malaguista, han puesto en práctica la paremia gatopardiana de Lampedusa: “cambia todo para que nada cambie”; y la máxima ignaciana de “en tiempo de turbulencias no hagas mudanza”, para continuar por la misma senda, esto es, con el mismo engaño, para que simulando que están reorganizando, el cabreo no vaya a más en ya muy molesta Granada. O lo que es lo mismo, que pretenden seguir con la promisión de un mejor futuro juntos, para desviar nuestra atención sobre las próximas expropiaciones, empleando el eufemismo de la reorganización. Así que Granada no debe preocuparse de nada más nada, que Sevilla lo está reorganizando de otro modo para que no se note que siguen en lo mismo y que esto va a ir a peor.

Por eso, y sin necesidad de volver a enumerar todo lo sufrido, lo sustraído, lo incumplido y lo que se avecina, en Granada el próximo 28-F lo único que tenemos que celebrar es el dar un golpe de timón y que Ali Babá se marche con sus 40 años a otra parte. Y ya veremos…

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COMENTARIOS

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    José Hervás Jiménez 6 meses

    Yo no vote autonomía, porque nunca me convencieron, a día de hoy votaría lo mismo. No es más que un gobierno paralelo lleno de chuposteros ávidos de dinero. Un despilfarro.

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