Olona y la Toma

“Cuando ya pensábamos que estaban todos, viene y pare la abuela”. Y es que Macarena Olona, la alicantina con nombre de la reina del Guadalquivir, pero afincada en Madrid y diputada por Granada en el Congreso de los Diputados por la Gracia del sistema, viene y dice que “cuando ellos gobiernen —se refiere a la comunidad autónoma—, la Fiesta de la Toma será el Día de Andalucía y fiesta nacional”; y se queda tan pancha.

Y esta señora, Abogado del Estado de profesión, lo cual es compatible con todo, hasta de no enterarse de que van los temas a pesar de cantarlos literalmente, no se ha coscado que en Granada en este asunto no queremos ser andaluces; y lo que es más grave, es que no ha entendido que los andaluces oficiales —los que proclaman como pater de su patria a Blas Infante, el mismo que hizo la shahada en 1924 y se convirtió al islam—, desprecian la fiesta de la Toma tachándola de xenófoba y racista, aún cuando no es sino una extensión del ritual de la festividad del Día de San Clemente, por manda testamentaria de Fernando el Católico, con el que cada 23 de noviembre, en la capital y corte de esta inventada región andaluza, con toda la parafernalia y todas la autoridades, incluidas las progresistas, se celebra la conquista de la ciudad de Sevilla por Fernando III el Santo. Y es que como siempre digo, los andalucistas de placeta y los activistas andalucitarras, han conseguido alojar en la mente de una pléyade de tarados que defender Sevilla y sus tradiciones es ser progresista, pero hacerlo por Granada es de trasnochados y de fachas.

Tan absurdo es todo cuanto rodea a la celebración del 2 de enero en Granada, que de aquellos polvos levantados por el protomártir andalucista Manolo Matés —arquitecto catalán baluarte del andalucismo canalla en Granada durante los ochenta y hasta entrado el siglo XXI, tipo sui generis donde los hubiese, por calificarlo de algún modo y al que Alah tenga en el paraíso rodeado de sus gustos—, son ahora estos lodos turbios que confunden a necios, necias, rucios, rucias y otras bestezuelas dadas al roznido.

Fue don Manuel, Matés, quién comenzó con estos cánticos de hespérides blanquiverdes sobre el carácter segregacionista del significado de la fiesta; cierto que siempre interesadamente ocultando su verdadera pretensión que no era otra que ser cargo de lo que fuera, mejor en relación con el Urbanismo, en la Administración autonomista, hasta que pasó lo que pasó con la Diputación y luego, cuando pudo y pretendió ser delegado de Cultura por el ya Partido Andalucista, le metieron la patada de Charlot o una de las 7 hostias más famosas de la historia, como la que le soltó el mono de Clint Eastwood a los moteros en la película “Duro de pelar”, poniéndolo en donde le correspondía. No logró nada efectivo, solo que llegaran los batracios de Covadonga y los nostálgicos de un régimen más muerto que la momia de Amenofis IV, que tomaron como justificación de su discurso trasnochado y tardofranquista, la ópera de rebuznos de don Manuel, Matés, y los pejigueras advenidos, que no dudaron en traer en algún momento cercano a don Diego Cañamero y al gran comedor de pipas de protesta, el maoísta, alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, con su pañoleta palestina, a reivindicar la progresía de la abolición y de paso fomentar el asalto de un supermercado y la tienda de Zara… (literal), y es que esto del discurso antitoma da para mucho.

No han faltado en esta deriva metafísica del rebuzno histórico los acomplejados del sistema. Aquellos que perteneciendo a un partido que atesora décadas de historia, méritos y también no pocos deméritos, pero que se quedó sin base sociológica tras la caída del muro de Berlín y necesitando subsistir más por razones personales de muchos de sus dirigentes que por la congruencia del discurso, no dudaron en el momento finisecular y en la instancia inisecular, en subirse al carro de la farsa progresista y desvelando sus obsesiones, llegaron incluso a buscar un individuo que trató psicoanalizar la fiesta en reuniones interminables que acabaron a casi a castañazos —nunca más exactamente dicho—. Cómo sería el nivel de confrontación generado por el Freud de la Toma que buscaron Moratalla y su equipo municipal, que hasta algún catedrático de Derecho de la UGR se consideró aludido entre los eunucos de la historia y amenazó con una querella contra quién se atrevió a calificar a los que como a él, habían sido tildados de dudosamente cultivados en cuestiones historiográficas… (también literal).

Y después de todo lo padecido por razón de tanto papanatas y advenedizo con ocasión de la celebración, viene ahora doña Macarena Olona y trata de patrimonializar la fiesta y su significado, apropiándose su tutela como casus beli, dando con su postura irreflexiva y partidista argumentos a quienes equivocadamente y con aviesa intención señalan que la fiesta es patrimonio de la ultraderecha. Y es que como dijo Quintiliano, el autor del Instituto de la Oratoria, en el Libro X de tan magna obra, en la que aconseja la lectura como elemento fundamental en la formación de un orador, que “el que pretende pasar por sabio entre los necios, pasa por necio entre los sabios”; Y es que la diputada Olona, la alicantina afincada en Madrid, representante por Granada en el Congreso por la gracia del sistema, hoy, que ha venido a Granada para dar un “paseíllo”, pero a la que no se le conoce ni una moción en favor de nuestra tierra, va y suelta el sonoro graznido ya apuntado y da carta de naturaleza al discurso de los de enfrente, haciendo válida la afirmación del sagaz Talleyrand  de que “el lugar común es el dogma donde se encuentran los necios”.

Con esto dicho hoy por Olona sobre la Toma se demuestra otra vez más que Granada parece estar condenada a estar en boca de torpes y en manos de indocumentados, porque como siempre digo, “se puede ser Premio Nobel y gilipollas, que las dos cosas son perfectamente compatibles”.

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COMENTARIOS

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    Pablo Alcázar 7 meses

    Lo decía Flaubert, la estupidez -o la gilipollez-del prójimo debe de preocuparnos, pero la que realmente puede dañarnos es la propia.

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    Alfredo Espín 7 meses

    El problema sigue siendo que nos menosprecian e infravaloran, y todo esto se agrava com el nuevo centralismo sevillano, pero lo más importante es que los granadinos vayan tomando conciencia de su historia y por ende de su carácter e indosincracia, por eso es de agradecer la labor que hacéis personas influyentes como tú y la labor divulgativa que hacéis.
    Un abrazo

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