Ruido negro

El Juez Juan Carlos Peinado ha citado a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, como investigada el 5 de julio para declarar por la posible comisión de delitos de corrupción en el sector privado y tráfico de influencias. Lo hace a cinco días de las elecciones europeas y un mes antes de la fecha fijada. Y también, antes de tomar declaración a varios testigos del caso, que en su día habían publicado noticias, falsas o no contrastadas, en sus tabloides, y pese a conocer el informe de la Guardia Civil que no ve indicios de ilegalidad en las actuaciones de Begoña Gómez.

En la carta que acaba de conocerse del presidente Pedro Sánchez, ya nos advierte de que en estos días se leerá y escuchará mucho más ruido y aún más furia en tabloides digitales nacidos para propagar bulos y también a los señores Feijóo y Abascal, rasgándose las vestiduras y pidiendo la convocatoria de nuevas elecciones generales. Y esto se hace justo cuando se han conocido los nuevos y espectaculares dados de creación de empleo y de bajada del desempleo. Del aumento del empleo femenino y de nuestras acciones a favor de la paz en el mundo, con especial atención a Ucrania y Palestina.

El término “ruido” o “ruido blanco” se suele utilizar en la econometría y la estadística. También en la ingeniería y la física, que es de donde realmente procede. Estadísticamente, por ruido blanco se entiende aquel proceso aleatorio, o dependiente del azar, en el que sus valores para distintos momentos del tiempo no guardan correlación entre ellos. Es decir, es como si el crecimiento económico de un año no tuviese que ver con el del año anterior, o la fortuna de una persona en un año, no tuviese relación con la de otros periodos, lo que ocurre, por ejemplo, si te toca la lotería, pero que no sucede cuando hablamos de la fortuna de un magnate de las finanzas. En la física, una típica imagen de ruido blanco es la que se puede ver en una pantalla de televisión analógica cuando no sintonizas ningún canal. Es decir, se trataría de algún fenómeno impredecible, en el que sus señales o datos no tuviesen relación unas con otras a lo largo del tiempo. De cosas sin sentido, sin memoria histórica, incluso contradictorias entre sí.

En la situación actual se están produciendo una serie de acontecimientos políticos, mediáticos o judiciales, sin aparente relación, pero que todos sabemos a qué se deben. Que un juez cite a declarar a una persona investigada es normal. Pero que lo haga un mes antes y en pleno periodo electoral, es algo que el Consejo General del Poder Judicial debería investigar. De la misma forma que en su día debería investigarse cómo se han abierto estas diligencias por meros recortes de prensa, pese a la conocida jurisprudencia del Tribunal Supremo para que no se haga.

De cualquier forma, lo más grave no es que un Juez, cuya tendencia ideológica y amistades son de sobra conocidas, haga lo que ha hecho. Ni tampoco que un sindicato fascista denuncie a la mujer del presidente del Gobierno (no al compañero de su amiga, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso). Lo realmente grave es que el Sr. Feijóo (lo de Abascal ya se da por descontado) pida la dimisión del presidente del Gobierno, en lugar de recriminar a algunos jueces que participen en la contienda electoral.

Daniel Innerarity escribía una tribuna titulada “Los reaccionarios”, cuya tesis fundamental es la de que “defender la democracia no pasa hoy por intensificar el combate entre la izquierda y la derecha, sino por acudir en ayuda de la derecha clásica, que no se está entendiendo correctamente a sí misma”. Aunque esto podría tener valor desde el punto de vista de la defensa de la democracia, en nuestro caso no es posible. Y no lo es porque la dirección actual del PP es una dirección “canalla”, según mi punto de vista.

Frente a estos ruidos, negros diría yo, también se alzan voces independientes, que ejercen su derecho a la libertad de expresión con valentía. A las claras y dando la cara. De forma previsible y manteniendo un mismo discurso a lo largo del tiempo. Se les ve venir. A veces se equivocan. Sí. Pero saben pedir perdón. Sin embargo, este tipo de personas no se rinden. Suelen decir la verdad. Y cuando se les insulta de forma vil y miserable, utilizando cobardemente para ello a sus seres queridos, se rebelan. Cuidado con ellos, pues están acostumbrados a crecerse con las dificultades. Su comportamiento no es de ruido negro, es de ruido rojo. Y con ellos estamos bastantes que no tememos a estos canallas.

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