Habeas Corpus low cost

Dícese del procedimiento jurídico mediante el cual cualquier ciudadano puede comparecer inmediatamente ante el juez, para que este determine sobre la legalidad del arresto. Hablamos, nada menos que de un derecho recogido en el artículo 17 de la Constitución que protege a cualquier ciudadano ante arrestos y detenciones arbitrarias y que proporciona la garantía de poder comparecer de forma inmediata y pública ante un Juez para que este determine si el arresto fue o no conforme a la legalidad y si debe mantenerse o interrumpirse.

Mucho sufrimiento ha costado en este país conseguir un derecho que garantiza evitar las detenciones arbitrarias que durante los 40 años del franquismo, eran moneda de cambio corriente para decenas de miles de ciudadanos, muchos de los cuales fueron torturados, incluso asesinados, por la policía política de aquel infame régimen, sin que nadie supiera cual era su paradero.

Es por eso que trivializar, como estamos haciendo estos días, una figura jurídica tan simbólica para quienes lucharon por las libertades y la democracia, es un auténtico insulto a su memoria y denota la frivolidad, cuando no la estupidez, de quienes tan alegremente la invocan, para que sus vástagos, no sufran los «rigores» de un hotel de cuatro estrellas, en una de las ciudades más deseadas del mundo.

El Juzgado argumenta que estos jóvenes, muchos de ellos menores de edad, «no se encuentran detenidos por la perpetración de delito alguno», sino que fueron «confinados por razones de salud pública» y que por tanto su situación no se encuadra dentro de los supuestos previstos por la ley para el estudio y aplicación de un eventual ‘habeas corpus’. Con independencia de cual sea el recorrido judicial de esta historia, me parece muy significativo el modo en que algunas de sus familias están reaccionando.

No seré yo quien criminalice a los jóvenes que, en su inmensa mayoría, se han comportado de una manera ejemplar durante este año y medio de pesadilla y prueba de ello nos la da el hecho de los escasísimos brotes que se han registrado en centros educativos en estos casi dos cursos. Lo que sí me parece un error de libro, es haber «organizado» viajes de estas características, en los que todos sabemos las cosas que van a pasar.

Es normal que chicas y chicos adolescentes intenten disfrutar al máximo del que, para muchos, habrá sido su primer viaje, o su primera salida de casa en dos años. Es normal que se desmadren en un concierto, que bailen, que hagan botellón, que liguen … Es normal. Y por lo tanto es normal que se contagien y diseminen el virus por centenares. Precisamente por eso, es por lo que hay que tomar medidas para evitar que el virus infecte a sus padres, abuelos y amigos, con las consecuencias que todos sabemos.

Lo que no me parece tan normal, es que en una situación de excepcionalidad como la que estamos viviendo, haya empresas que «organicen» semejantes saraos, sabiendo como saben de la imposibilidad material de que en ellos se guarden las más elementales medidas de seguridad y desde luego, lo que me parece un auténtico despropósito, es que las mamás y los papás, que tan alegremente han autorizado a sus vástagos a realizar un viaje de estas características, ahora se lleven las manos a la cabeza, porque sus consentidos herederos, tengan que guardar cuarentena, en un hotel de cuatro estrellas, tras haber provocado el peor brote de contagios desde hace meses.

La hiperventilación de tan compungidos progenitores, es la que ha llevado a algunos a invocar vergonzosamente la aplicación del sacrosanto «habeas corpus», o a calificar su aislamiento sanitario de sus retoños, como un secuestro, o una detención ilegal. Hay que tener menos sensibilidad que una almeja, para intentar siquiera, comparar la situación que están viviendo sus nenes -que a lo que se ve es bastante confortable- con la que de un secuestro, o incluso con la que con motivo de la pandemia han sufrido nuestros mayores, o los temporeros inmigrantes, que han malvivido en asentamientos infames.

Esa histeria paternal y maternal, es la que nos da la medida de la educación que han recibido la mayoría de nenes y nenas que claman por su «libertad» en las redes sociales, armados con sus iphones de centenares de euros y alojados en un hotel de cuatro estrellas, que la inmensa mayoría de la ciudadanía de este país no podría pagar este verano.

La verdad es que no me imagino a mis padres instalados en esa histeria. Más bien los veo echándome la bronca del siglo, por no haber guardado las medidas de seguridad que hubieran impedido mi contagio. Tampoco me veo yo exigiendo romper el aislamiento sanitario para cualquiera de mis hijas, si se hubieran visto en una situación parecida. Lo cual nos lleva a preguntarnos qué «educación» estamos dando a la actual generación de adolescentes.

Expertos, como McKay y Fanning nos dicen que, si eliminamos toda disciplina para que el niño “se sienta bien”, estamos hundiendo su verdadera autoestima, que no consiste en evitar todo sentimiento desagradable o doloroso, sino en saber enfrentarse a ellos cuando lleguen, recordando que la educación permisiva no confiere más autonomía a los niños y adolescentes, sino que los hace más vulnerable.

Por su parte, Tony Wagner, codirector del The Change Leadership Group, de Harvard, asegura que: “Ocho de cada diez docentes, consideran un serio problema que los padres fallen en poner límites y no se esfuercen en que sus hijos se hagan responsables de su conducta o de sus resultados académicos.» Recordándonos la mayoría de los padres consideran que no tienen los conocimientos suficientes para educar, porque es una tarea que resulta más difícil ahora.

Por cierto, a quienes desde las terrazas de ese hotel gritan «libertad», cubata en mano y con el reggaetón a todo trapo, recordarles que como dice el filósofo José Antonio Marina: “La libertad se aprende obedeciendo primero, porque esta obediencia permite construir las herramientas psicológicas de la libertad.”

Termino animándoles a seguir el consejo del pediatra Terry Brazelton, quien nos aseguraba que: “Después del cariño, el sentido de la disciplina es lo más importante que los padres pueden ofrecer a un niño” … Y por favor, no tomen el «habeas corpus» en vano.

PD. El próximo en pedir el «habeas corpus low cost» puede que sea Luis Salvador.

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