Agricultura como Patrimonio Cultural

La pasada semana se celebró un acto en el Ateneo de Granada, dentro de la Sección de Emergencia Climática, en el que se abordó el interesante asunto de la Protección de la Actividad Agraria a través de los mecanismos que ofrece la legislación del Patrimonio Cultural. Los ponentes eran tres curtidos expertos. José Castillo, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Granada y especialista en Patrimonio Cultural y Agrario. Antonio M. Montufo, Conservador de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía. Luis P Martínez, Historiador y Antropólogo. Especialista en sistemas históricos de riego y patrimonio cultural inmaterial en Valencia. Coordinaba la mesa redonda el arquitecto Pedro Salmerón.

Lo que se defendía era la necesidad de preservar la Vega de Granada y su actividad agraria. Para ello, algunos ponentes entendían que los instrumentos del planeamiento urbanístico no eran suficientes. Era necesario ir más allá y entender la agricultura como un verdadero patrimonio cultural, dada la excepcionalidad del caso, que desde hacía más de 1.000 años los sistemas de cultivo de la tierra y de regadío, y su sistema de acequias, se habían mantenido prácticamente iguales. El nuevo concepto que defendía el profesor Castillo era el de Patrimonio Agrario, que entraría en el concepto de Patrimonio Cultural. El ejemplo de la protección de la Huerta Valenciana, expuesto por Luis P. Martínez fue muy esclarecedor.

Por su parte, el conservador Antonio M. Montufo citó numerosos ejemplos de protección de paisajes culturales y de las denominadas Zonas Patrimoniales, que es el instrumento que se usa por la Junta de Andalucía para proteger el patrimonio cultural. Algunos ejemplos son el Castillo de la Calahorra y su entorno; Alhama y su conjunto histórico; el Barranco de Poqueira, que protege también los términos municipales de Pampaneira, Bubión y Capileira, catalogados por la Unesco como Conjunto Histórico Artístico; la Alpujarra Granadina y la Tajá; el paisaje megalítico del río Gor.

Sin embargo, tras estas prácticas e ideas interesantes de protección del patrimonio cultural y, consecuentemente, también los sistemas tradicionales agrícolas y de riego, se nos ofreció la otra cara de la moneda, a saber, qué sucede después de la protección. Y nos mostró datos muy interesantes, referidos a algunos de los municipios protegidos. La población seguía disminuyendo; el espacio de cultivo también se reducía, incrementándose a la vez la zona boscosa. De la misma forma se incrementaba la urbanización y la construcción de casas; aparecían instalaciones que perturbaban el paisaje y en el tema del regadío proliferaban las balsas de riego, frente al riego mediante las acequias de careo tradicionales. Es decir, todo lo contrario a lo que la protección del patrimonio cultural pretendía.

Al comienzo de la intervención del profesor Castillo, se hizo una afirmación que yo no entiendo, a saber, que si la vega del río Dílar hubiese estado protegida como patrimonio cultural e histórico, no se hubieran tenido los problemas de riego de este verano, a consecuencia de las restricciones impuestas por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir por la sequía que padecemos.
Según mi punto de vista, para proteger la agricultura y sus sistemas de regadío históricos como patrimonio cultural, es necesario que se cumplan varias premisas. Una primera es que haya agricultores que vivan de la tierra y no solo jubilados o empleados, que tienen un pedazo de tierra para sembrar una hortaliza. La segunda premisa es que haya agua suficiente para todos, incluyendo la vida en los ríos. Por ejemplo, en el río de Dílar, que fue el ejemplo que se sacó, se tenía un caudal de más de 200 litros por segundo en el mes de julio de 2013. Sin embargo, en julio de 2023, el caudal estuvo situado en poco más de 50 litros por segundo. En estas circunstancias, qué hubieran hecho los árabes creadores de nuestro sistema de regadío granadino. Regar por estricto sistema de turno y tanda. Ya lo dicen los documentos históricos para los momentos de escasez. Y esto es lo que se ha hecho este verano, estableciendo turnos para repartir el agua entre todos los regantes y el río, para así, con su caudal ecológico, proteger su vida y garantizar el riego a sus usuarios.

Por tanto, hemos de ser claros y explicar bien cuáles son nuestros objetivos, para no llevar a las gentes sencillas a malentendidos. Lo que queremos muchos es preservar el territorio de un desarrollo urbanístico destructor. También preservar y recuperar la agricultura tradicional y sus sistemas de regadío. Pero para hacerlo, lo primero de todo es tener agua suficiente. Lo segundo, tener agricultores dispuestos a cultivar y a vivir de la tierra. A partir de ahí, los instrumentos de la protección cultural a través del Patrimonio Agrario ayudarán a dotarnos de una protección más integral de nuestros campos. Primero, para protegerlos de las actividades especulativas de todo tipo. Pero también para protegerlos de las pequeñas corruptelas individuales, que están llenando la vega de construcciones ilegales que contaminan los campos sin control.

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COMENTARIOS

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    Manuel 3 meses

    Interesante artículo, aunque la defensa de la vega como patrimonio cultural e historico no es una novedad. Creo que la Vega de Granada solo puede «agarrarse a una organización territorial diferente a la que rige en nuestra comarca. La vega es necesaria sobre todo por la calidad de vida que nos ofrece, pero está tensionada porque es el espacio entre Granada ( que acapara todo el atractivo e interés de la zona) y los municipios, ciuddes dormitorio.
    Solo una política territorial común donde se explicite: zonas verdes/ agrícolas/ hitoricoculturales necesarias, las residenciales e industriales etc, pueden salvar la vega. Necesitamos una visión más global para crecer y para defender Granada. Las visiones miopes hacen , por ejemplo, que critiquemos la pérdida de 600mil metro de vega en la huerta del Rasillo para la llegada del tren y que aplaudamos o ignoremos el m´s del millón de metros cuadrados que se va a perder de vega con el nuevo pGGO de los Ogíjares.

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    Manuel 3 meses

    Interesante artículo, aunque la defensa de la vega como patrimonio cultural e his-tórico no es una novedad. La alvación de la Vega de Granada solo puede «aga-rrarse” a una organización territorial radicalmente diferente a la que rige en nues-tra comarca actualmente. La vega es necesaria sobre todo por la calidad de vida que nos ofrece, pero está tensionada porque es el espacio entre Granada ( que acapara todo el atractivo e interés de la zona) y los municipios, ciudades dormito-rio. A Granada pertenece el 3% de la vega y es objeto de deseo de las construtoras y , por tanto , de los políticos que piensan que si das bocaditos al pastel este no se terminará, lo que se llama hoy “sostenible”. Por ello, solo una política territorial común donde se explicite: zonas verdes/ agrícolas/ históricas, culturales, residen-ciales e industriales etc, pueden salvar la vega. Necesitamos una visión más global para crecer y para defender Granada. Las visiones miopes hacen, por ejemplo, que critiquemos la pérdida de 600mil metro de vega en la huerta del Rasillo para la llegada del tren y que aplaudamos o ignoremos la pérdida de más del millón de metros cuadrados de vega que se llevará el nuevo PGOU de los Ogíjares.

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