Entre desfases y rebrotes

Ayer 15, antes de ayer 12, y así una decena más de contagiados cada día desde hace muchas jornadas en Granada -y qué decir del resto de España-. El caso es que los “clústeres” de nuestra provincia, en palabras del Consejero de “la mechá” -o sea, lo que serían unos rebrotes en castellano-, ya no son tales, sino que son auténticos brotes de transmisión comunitaria sin control alguno, toda vez que Granada sigue sumando nuevos casos de coronavirus por decenas sin relación alguna con los brotes declarados.

Se trata pues de una situación desastrosa y muy peligrosa para nuestra provincia, que podría verse confinada en parte o en su totalidad en algún momento más o menos próximo, y si no lo ha sido aún es porque se está primando más la bolsa que la vida, ya que, como la actividad económica vuelva a un parón como el del confinamiento, la ruina que nos espera sería trágica.

¿Quiénes son los responsables de esta situación sanitaria que nos sitúa en el comienzo de una preocupante segunda ola de coronavirus? Aunque hay muchos jóvenes responsables, es evidente que ese colectivo es el que más está ayudando a la terrible transmisión de este virus mortal, que contabiliza ya en nuestro país, cuanto menos casi 50.000 muertos, según el INE y los Registros Civiles de España.

Fiestas, botellones, discotecas y desfases variados sin control ni restricción alguna en la práctica son los responsables de que los jóvenes se contagien y de que después transmitan el virus a sus padres y a sus abuelos, que son los que al final morirán por sus irresponsabilidades.

¿Y cuál puede ser la solución ante tanto desmadre que nos conduce irremediablemente hacia una segunda e inminente ola de coronavirus, vista la velocidad con la que se están disparando los contagios?

Es evidente que la responsabilidad ciudadana, en manos de la que se ha dejado actualmente esta terrible pandemia, no es suficiente, dada la cantidad de irresponsables que está demostrándose que existen. No hay nada más que salir a la calle un rato para comprobar cuántos jóvenes no llevan una mascarilla absolutamente obligatoria desde el pasado 15 de julio en Andalucía y a los que nada les importa guardar medidas de seguridad.

Y es que con ellos no va nada, les importa un rábano que la pandemia que ellos coadyuvan activamente a extender acabe con la muerte de otras personas. Esa es la sociedad de jóvenes que se ha credo en este país, un colectivo con derecho a todo y sin deberes ningunos, al que se les pagua todo, que reivindican gratis y para el que el esfuerzo no rige, porque, por muchos Másteres o Grados que aleguen poseer, en nada alcanzan a cualquier licenciado conforme a los planes universitarios anteriormente existentes en España. Falacia es por tanto esa máxima que se difunde por doquier de que son la generación mejor preparada de España. Falso, y lo digo como docente, mucho mejor preparados estaban los jóvenes estudiantes bajo los planes antiguos. El caso es difundir fake news que favorezcan a un colectivo de ninis que, entre los 25 y 35-40 años sólo se dedican, salvo muy honrosas excepciones, a la juerga y a viajar por todo el mundo a costa de sus padres, y, si no, que se lo pregunten a los miles de padres que sufragan la juerga del Erasmus internacional.

En fin, estos jóvenes mantenidos por sus padres y por el sistema se han convertido en los principales transmisores de un virus mortal, sin que nada les importe, sin que nada remueva sus conciencias, porque lo primero son ellos, lo segundo son ellos, y lo tercero también ellos.

Sólo preocupados por el perfil de su cara en Instragram, Tic-toc o Facebook, viven en un mundo superficial y falso que sus padres han costeado a tutti plan, maleducando a unos hijos que poseen los teléfonos más caros de iPhone o Samsung prácticamente desde que llevan pañales.

¿Y ahora pretendemos que estos jóvenes maleducados de laigeneración velen por la salud pública?

Muy equivocados están desde este Gobierno desnortado si no establecen ya medidas drásticas contra el desfase y descontrol juvenil, porque, si no lo hacen, deberá volver el confinamiento parcial, y, por tanto, el desastre total de la economía, pagando justos por el egoísmo exacerbado de unos jóvenes que han tenido una vida muelle desde la cuna.

Es urgente la adopción de medidas inmediatas que restrinjan o prohíban el ocio nocturno para evitar que volvamos a vivir la tragedia de marzo y abril en unas cuantas semanas. Es preferible que los empresarios de la noche paguen por los desmanes de sus desaforados e irresponsables clientes a que toda la economía de una nación como España se hunda por la irresponsabilidad de los jóvenes fiesteros.

La contundencia es ahora mismo imprescindible si no queremos que más personas mueran por el Covid-19. Es responsabilidad de todos los gobiernos autonómicos y estatal, que han demostrado que no tenían plan B alguno frente a la segunda oleada del virus. Esperemos que actúen pronto, muchas vidas están en juego, y evitar mucho sufrimiento depende de sus rápidas decisiones.

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COMENTARIOS

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    Ernesto Gómez 2 meses

    Pilar,

    quizás sí que habría una generación mejor preparada que la anterior si no fuera por docentes que cortan sistemáticamente sus clases para atender a llamadas que, a buen seguro, podrían esperar a la finalización de la clase. Si Manuel Olivencia hacía esperar a SM Juan Carlos I si le interrumpía una clase no entiendo como algunos profesores venidos a más no hacen lo mismo ante llamaditas de «colegas». O, por ejemplo, llegar frecuentemente a deshoras pero luego exigir al estudiantado una puntualidad que no se ve reflejada en la autoridad docente que imparte y exige esa puntualidad.

    Le suena todo eso? Un saludo

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