Reflexiones desde la Izquierda sobre el 19J

Necesariamente a vuela pluma, pues considero que determinadas reflexiones tienen su momento y su lugar para hacerse. Pero con la necesidad de compartirlas públicamente, ya que tampoco es bueno dar la sensación de que aquí nadie tiene nada que decir. Las cosas nunca ocurren por una sola causa, en política menos. En el caso del resultado del PSOE en las pasadas Elecciones andaluzas, es evidente que arrastramos un cúmulo de circunstancias, y también de errores, que van sumando, hasta constituir toda una especie de ideario colectivo, imposible de superar en una campaña electoral.

De un lado, ofrecemos una herencia buena en políticas, pero de la que destaca lo malo, evidentemente porque es más mediático, más llamativo y más ruidoso, además de porque existió, y porque al no saber reaccionar a tiempo, en su momento, fuimos acumulando piedras en la mochila. 37 años de gobierno producen un lógico cansancio y agotamiento en la ciudadanía y se convierte en un mantra, que otras fuerzas políticas y mediáticas saben aprovechar. Supimos administrar la situación hasta la derrota en las Elecciones de 2018 ( fuimos primera fuerza, pero fue una derrota, pues gana quien gobierna). Siempre he mantenido que quizá empezamos a errar en el diagnóstico cuando consideramos que el resultado de 2012 fue una victoria. Perdimos, aunque gobernamos, y el PSOE si tuvo que analizar ese hecho con mayor detenimiento y análisis autocrítico del que lo hizo. Ahora puede resultar obvio, entonces no resultó.

La derrota electoral de 2018 nos supuso 1 año de estar «groguis» y otro año de asimilación, o sea, 2 años sin hacer nuestro trabajo, que era la oposición, ni ofrecer discurso, ni relato, ni proyecto. Era difícil, evidentemente, pero no lo hicimos. Pero tampoco había músculo en el Partido, es más, por las razones que sean que no vienen al caso, no había partido. Y el tercer año, toda la actividad que se llevó a cabo fue campaña interna buscando la reelección de la Secretaria general. Quizá suene duro, pero tenemos que cesar de hacernos trampas al solitario cuando analizamos que ha pasado y porque.

Hicimos un esfuerzo por resolver todo ello y ofrecer una alternativa a la ciudadanía andaluza, pues el PSOE siempre se recupera de los golpes. El resultado democrático fue y es indiscutible, pero no basta con eso. El PSOE seguía ofreciendo un perfil muy institucionalizado, bien poco diferente en las formas al presidente y candidato del PP, quizá demasiada «centrado» y excesivamente volcado en buscar un voto que muchos pensamos que ya estaba decantado hacia el PP. Se olvidó, en cierto modo, al electorado de izquierdas que no votó en 2018, aunque aparentemente siempre nos referíamos a él, más buscando una reacción épica, que trasladando un mensaje político de calado. En términos puramente de mensaje político, se le dijo poco a esa gente. Y se han vuelto a quedar en casa de nuevo. No los hemos movilizado, pero no basta con señalarlo y tenerlo más o menos claro. Hay que sacar conclusiones contundentes. Ese electorado nos tiene que sentir y percibir como algo diferente y realmente alternativo a la derecha. Ya no nos vota porque seamos el PSOE. O no solo.

Hay que seguir trabajando, por supuesto, pero hay que tener claro que el mensaje, la acción, el relato y la alternativa ha de ir dirigida a ese electorado. El centro no existe como opción política, aunque si es un espacio sociológico, que huye de confrontación, pero no huye de política. Ciudadanos ha sido devorado por el PP. El PSOE tiene que saber a quién y como dirigirse.

Debemos trabajar en llenar nuestro proyecto de ideología, en hacer didáctica de lo público, en trasladar propuestas y acciones nítidamente socialdemócratas. En preocuparnos menos de estériles correcciones y equidistancias y huir de determinados buenismos. Sin estridencias, la gente tiene necesariamente que darse cuenta de que hemos entendido el mensaje y que vamos a cambiar. Que vamos a dotar de coherencia nuestro proyecto político, nuestra acción parlamentaria y nuestra interlocución social. Y que nuestras palabras vendrán acompañadas de hechos indubitables. Y que vamos a hablarles con claridad a las andaluzas y a los andaluces y que vamos a comprometernos en decirles las cosas claras a las centenares de miles de personas que se han vuelto a quedar en su casa porque no les hemos dicho nada que les haya motivado a ir a votarnos. Trabajar en esas líneas, por supuesto. Trabajar por trabajar o por no estar parado, no.

Hay terreno de juego, pensando en las próximas citas electorales, Municipales y luego Generales, y para conformar la alternativa socialista en Andalucía. Desechemos conceptos vacíos para empezar, que no dicen nada , «sumar», «escuchar», «confluir». Hablemos de empleo, de igualdad y de solidaridad. Y llenemos esas palabras de acciones. Hay más y mejor empleo, no porque nos haya tocado la lotería, sino porque se ha aprobado una Reforma laboral y unas condiciones laborales que lo permiten. Y eso no lo ha hecho el PP. Y en Andalucía hay que profundizar en esa senda, además de «chupar rueda» de las políticas del Gobierno central. La lucha por la igualdad nunca debe cesar ni nunca está del todo conseguida, y hay que machacar esa idea. Igualdad de acceso a los servicios básicos, que hoy en Andalucía no se da. Igualdad para que lo público nos defienda y nos proteja a todas y todos, que tampoco se da. Y solidaridad para explicar que lo anterior se consigue con una fiscalidad justa y progresiva, que cada cual debe contribuir a lo general en función de su capacidad económica y que «bajar impuestos» es una impostura miserable, lo diga quien lo diga.

Y que defender lo anterior es defender a quienes se han quedado en casa, porque no les hemos dicho con la suficiente contundencia y credibilidad, que estamos para defender sus intereses. Y que quien busca privilegios, quien quiera preferencias educativas o sanitarias no los representan ni los representarán jamás, como lo hace el socialismo democrático. Hay que saber traducir la complejidad de las medidas de nuestro programa político (que nunca son eslóganes facilones) en ideas de cambio, de transformación y de esperanza. O al menos hay que intentarlo, que para eso estamos.

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