De reinar después de morir a morir matando: epitafio para Podemos

El proyecto de Podemos está muerto. El planteamiento inicial de convertirse en el primer partido de la izquierda, e incluso de todo el espectro político, mediante una rápida guerra de movimientos capaz de aglutinar una amplia mayoría por encima de la tradicional división entre la izquierda y la derecha retomando el descontento que supuso el movimiento del 11 M encontró pronto sus límites. Límites que le acompañaron desde su inicio ya que no solo la mayor parte de sus votos eran prestados, del PSOE y de IU fundamentalmente, sino que el 60% del voto que consiguieron en las elecciones europeas de 2014 se decidió a última hora y por ello no pudo ser captado por las encuestas. El voto de Podemos, pues, mostró una fuerte labilidad desde el origen. Era un voto que se ajustaba muy bien al entorno neoliberal de nuestra época. Un voto no ideológico, basado en la novedad y en las habilidades dialécticas de un líder creado por los medios de comunicación social, fundamentalmente de derechas, que lo impulsaron mediante una hábil política de marketing que promocionaba un producto nuevo que, además, podía escindir la izquierda, como de hecho sucedió y sigue sucediendo. Podemos quiso aprovechar la antipolítica para hacer política, pero esa empresa es muy arriesgada ya que es muy difícil pasar de una mera coalición negativa a una alianza estable y duradera basada en un programa común. El voto de Podemos ha sido siempre de aluvión, alimentándose de los defectos de los partidos tradicionales y de unos abstencionistas que una vez pasada la novedad y comprobado que la vida política es ardua y lenta se volvieron a su abstención estetizante y estéril. Tampoco hay que descartar que una parte considerable de ese voto inicial fuera de unas capas antisistema que han acabado recalando en Vox.

Ya en Junio de 2014 planteábamos las condiciones para que el proyecto de Podemos se consolidara y concluimos que dichas condiciones no se podían dar por la estructura social y política del país y por la trayectoria de sus partidos tradicionales.“La consolidación de este éxito pasa necesariamente porque los dos grandes partidos de la izquierda, especialmente el PSOE, mantengan su inmovilismo actual, que los que han dado el paso institucional no vuelvan desencantados a la abstención, y que la izquierda anticapitalista aumente sus exiguos apoyos. Pero ninguna de esas hipótesis es plausible.” El PSOE, decíamos, tiene que salir de su confusión y parálisis y eso fue lo que pasó con Pedro Sánchez. Por su parte, IU también dio un paso decisivo hacia el cambio generacional. La gris lucha diaria llevó pronto a los activistas abstencionistas que no consiguieron cargo público a la pureza ideológica y la inanidad política. El voto anticapitalista tampoco creció. En conclusión, el voto de aluvión que sostuvo a Podemos en principio se disgregó rápidamente, lo que le obligó pasar, como ha hecho en todos sus cambios de rumbo, sin explicación ni autocritica, de un rechazo furibundo de la alternativa derecha/izquierda y de una crítica despiadada a la tradición comunista a fundirse en un abrazo ‘fraterno’ entonando una loa a los ejemplares comunistas de la transición. Ese cambio exigido de alianzas supuso también un cambio radical de política: de una guerra rápida de movimientos para conquistar el poder a aceptar la pesada y trabajosa guerra de posiciones en las instituciones. Pero para ese cambio Podemos, cuyo objetivo inicial, y absurdo por utópico, era escalar los cielos, no estaba preparado, ya que como todos los populismos combinaba realidad y ficción, detectaba problemas en la tierra pero proponía soluciones ficticias solo posibles en el cielo. Ya decía el viejo Borges que a una pretensión desaforada le suele seguir una depresión excesiva , y eso es lo que le ha sucedido a Podemos. Solo un partido como el comunista acostumbrado a las largas travesías del desierto y a la lucha lenta pero tenaz en las instituciones podía sostener ese cambio. Y eso sucedió, fue la estructura territorial del PCE e IU y sus cuadros los que aseguraron la presencia territorial de la coalición Unidas Podemos. Podemos con sus escisiones, especialmente Más Madrid, son movimientos urbanitas, dirigidos por profesores sin experiencia política, completamente alejados del movimiento obrero y de las luchas sociales y cuyos votos adventicios se fueron diluyendo quedando solo el suelo rocoso del voto comunista tradicional, que ha oscilado en sus mejores momentos entre los 2 y los 3 millones devotos que es donde ahora estamos. s.

El proyecto de Podemos tuvo tintes populistas dese el principio al basarse en una multitud de individuos atomizados que tienen confianza en un líder que a su vez despliega gran fe en sí mismo y en su carisma. Frente a esto la democracia necesita cuerpos intermedios entre los que destacan los partidos políticos eliminados o disminuidos por el cortocircuito entre el líder y una masa atomizada de individuos que se identifican con el líder porque piensan que él puede obtener aquello que ellos solo sueñan, como se pudo ver en una de las declaraciones más repugnantes del recién elegido Milei. Como ya decía Américo Castro, esa atomización social es la base del anarquismo difuso que ha impregando la vida española desde sus orígenes, haciendo que en nuestro país la política se base más en la creencia en las capacidades del líder que en la construcción de instituciones estables y firmes basadas en la conveniencia de la nación. Por eso en España no ha habido nunca revoluciones sino solo revueltas que al ser incapaces de establecer unos fines comunes se disolvían pronto y se volvía a la situación anterior.

Los movimientos populistas suelen basarse en un tipo de pensamiento apocalíptico   cuyos elementos esenciales son: revelación, conversión total, discontinuidad radical, decisión. El populismo suele tener éxito en situaciones críticas en las que se da una aceleración de los tiempos ante una gran confusión y frente a la que se espera la parusía, la venida del mesías, que introduzca una separación radical ente el antes y el después, una separación excluyente, sin mediaciones, entre dos momentos en cuyo medio no hay nada, y entre los que no hay conciliación posible. El tiempo populista vive  el instante presente como si fuera el último, produce una espacialización del tiempo que concluye con la plenitud de los tiempos, por fin alcanzada. La conversión que contempla el populismo no es solo intelectual sino también vital y se debe a la presencia de un mesías que se ha manifestado  y exige la elección, la de-cisión, entre el bien y el mal absolutos, lo que supone un corte del tiempo en el que se da una batalla apocalíptica , una batalla final,en un instante visto como final, como consumación de los tiempos. Los ribetes mesiánicos y apocalípticos del populismo presentan un carácter religioso y místico ineliminable e incompatible con la mesura ilustrada y laica de la izquierda tradicional, tanto socialista como comunista.

Raou Girardet, en su libro Mitos y mitologías políticas, nos recuerda que en épocas de crisis profundas la razón colapsa y se dispara la emocionalidad, especialmente el miedo y el odio, permitiendo el afloramiento de mitologías sumergidas en el inconsciente colectivo como la edad de oro, el complot, la unidad o el líder carismático. De igual manera, Eva Illouz ha analizado las emociones que están detrás delos populismos: el miedo, el asco, el resentimiento y el amor desaforado a lo propio; de las cuatro las tres primeras han alimentado en formas diversas el discurso de Podemos.

Los partidos populistas al carecer de teoría y de programa se apoyan en el prejuicio y en los dogmas, y apelan al miedo y al odio, creando enemigos a los que detestar. Más que articular propuestas positivas se basan en el odio y la violencia; un odio basado en el victimismo que une más que las ideas y los proyectos. El odio y el resentimiento por unas afrentas reales o imaginarias constituyen un fuerte cemento social, como ya vio Espinosa en el siglo XVII, que sirve de aglutinante a las masas formadas por individuos aislados y perdidos, desnortados y sin expectativas. Estos partidos se basan en la legitimación de un ello desublimado que ha perdido la vergüenza de dar rienda suelta a sus pasiones más bajas, a su fiera interior, a su cerebro más primitivo, viéndose a sí mismos convertidos en una especie de superhéroes. Frente al esfuerzo que hay que hacer para seguir siendo civilizados, lo que supone el control y la represión de los instintos, el dejarse llevar por las pasiones sin control racional tiene un efecto liberador y consolador de nuestras desgracias. El líder carismático es el modelo ideal del padre de la horda situado por encima de la ley, más allá del bien y del mal, y la identificación con él asegura la cohesión del grupo al hacer creer, ficticia pero eficazmente, a sus seguidores que podrán ser como él, unos triunfadores capaces de superar sus miserias. Se produce una satisfacción vicaria a través de dicha identificación con los ganadores. Soy un desgraciado, pero mi equipo, mi partido o mi país son muy grandes y yo recibo una satisfacción simbólica de esa grandeza ajena. Franco Berardi, Bifo, resume esta situación en su tesis de que hoy estamos viviendo una psicosis de masas en la que la Geopolítica ha dado paso a la Geopsicosis debido a un doble movimiento: por un lado, la derrota de los movimientos sociales alternativos, por otro, la instauración global de la red como el ámbito privilegiado de la vida tanto personal como política. Los beneficios iniciales de la red como propulsora de un flujo de comunicaciones críticas y participativas en la primera década del siglo han dado paso a una completa alineación a la red que ha perdido este carácter participativo y crítico.

Volviendo a Podemos se puede decir que el paso a la política institucional le sentó mal, empezando por su líder, que tras perder en Madrid su última batalla como candidato, abandonó la política institucional para volver a su lugar natural de agitador no comprometido con el día a día, de profeta apocalíptico y defensor de las esencias. Sus seguidores trataron de conservar un cierto papel institucional bajo el paraguas de Sumar, pero lo hicieron de forma oportunista y desleal desde el principio, aprovechado la primera oportunidad para defender su autonomía practicando el transfuguismo al abandonar y competir con la coalición que de forma demasiado generosa les acogió en lugar de dejarles que se estrellaran ellos solitos. Actualmente el problema de Podemos es meramente sindical, es decir cómo obtener un paro digno para un puñado de dirigentes incapaces de mantenerse por si mismos fuera de la política. Esa exigencia perentoria de estabilidad personal no puede camuflarse bajo la apariencia de un proyecto político autónomo y alternativo a la coalición que les dio cobijo, y menos degenerar en un grupo de presión que quiere hacer valer los votos que obtuvieron bajo las siglas de Sumar contra el gobierno de coalición chantajeándolo. Un problema de supervivencia personal se ha transformado en un riesgo, pequeño pero existente, de escisión en la izquierda debido al recuerdo de unas siglas que fueron importantes y una rabia antisistema que puede poner en peligro la inestable mayoría que sustenta al gobierno de coalición. Podemos, como Junts, son estrellas muertas que, sin embargo, van a seguir exhibiendo su mortecina luz durante cuatro años más, hasta que las próximas elecciones acaben con ellos de una vez. Este hundimiento implícitamente asumido hace que Podemos como recordaba hace poco Enric Juliana, no tiene ya incentivos para ser pragmático, y ,con la libertad total que da la falta completa de horizonte y el haber perdido ya todo lo posible, puede dedicarse a la venganza sin sentido y sin proyecto contra aquellos que los acogieron con generosidad excesiva y mal agradecida.

Triste final para un proyecto que, parodiando los títulos de las famosas novelas de Italo Calvino, empezó queriendo ser “el barón rampante” viviendo en los árboles y sin pisar la tierra; se convirtió después en “el vizconde de mediado”, partido por la mitad de su doble bueno, el comunismo; y acabó como “el caballero inexistente” habitando una armadura vacía. Lejos de reconocer humildemente su derrota y su fracaso se enroca y al no poder ‘reinar después de morir’ ha elegido ‘morir matando’ como un zombi caníbal y asesino.

Nota aclaratoria. Este artículo ha sido escrito con anterioridad a la plasmación de lo dicho en la incomprensible, rencorosa y suicida conducta que los ha llevado hace unos días a votar con la derecha y la extrema derecha con un pretexto fútil en contra de medidas beneficiosas para los más desprotegidos, anteponiendo un odio cainita a la defensa de los intereses de los que hace tiempo decían defender.

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