El debate del debate del 26 de mayo

Ya se celebró el debate en la televisión autonómica entre los principales candidatos para las Elecciones municipales en Granada. Y también el celebrado en la televisión local granadina, pomposamente llamado por alguien «la segunda vuelta», incluso, en el colmo del paroxismo mediático, el «debate decisivo». A continuación, como es natural, viene el «debate del debate», y ya por fin, el domingo, la jornada de votación. Digamos que se da cumplida cuenta del ritual electoral, actores, actrices, representantes, espectadores, críticos, presentadores, taquilleros y público en general en perfecto estado de revista, cumpliendo escrupulosamente su papel. Al menos, lo que se ha dado en llamar su papel.

Llama, pese a todo, la atención, que no nos hartemos del uso reiterado del vocabulario casi bélico que se emplea en los medios y en las redes, para calificar estos debates, por lo demás (y dicho con todo respeto), bastante previsibles y nada originales, sobre todo cuando el número de participantes excede de dos. No digamos cuando dicho número se acerca a la media docena. Insisto, pese a todo, las personas participantes en el Debate, «han buscado el cuerpo a cuerpo», «no han hecho prisioneros», «han elevado el tono hasta alcanzar uno tenso y bronco», etc.

De modo que daremos por bien empleado el debate y el debate del debate, sobre la base de que siguen existiendo estudios que confirman su incidencia sobre el voto indeciso y sobre la posible movilización en la jornada electoral. En cualquier caso, y aquí centraré mis reflexiones, todos los datos apuntan a un resultado ajustado en Granada, algo que también se desprende de una mera observación de la realidad cotidiana de la ciudad. Dos bloques perfectamente delimitados que representan dos visiones de la ciudad y de la política, que coinciden con los dos bloques conformados a nivel nacional y que, mientras no se demuestre lo contrario, son dos bloques con vocación de permanencia, por mucho que la voluntad popular sea compleja de descifrar a veces.

Cuando hablo de bloques lo hago a nivel de las propuestas globales, del uso de los recursos y del destino de los mismos, en definitiva, dos maneras de afrontar los retos de futuro de la ciudad y su entorno metropolitano. Porque a ese respecto, son evidentes los dos bloques. Respecto al uso del vehículo privado, respetando lógicamente su existencia, existe un bloque nítido que prioriza su uso frente a casi todo, que piensa posibilitar más y más y facilitar su utilización en la ciudad y que no se toma en serio (no lo suficiente) las consecuencias sobre la vida y la salud que su uso indiscriminado acarrea. Y existe otro bloque que procura disminuir su incidencia, potenciando medios públicos, colectivos y no contaminantes de transporte, e intenta alejarlo lo más posible del centro de la ciudad. Es una distinción fundamental.

Respecto al uso de la ciudad, existe un bloque claro que pretende hormigonar Granada, por tierra, mar y aire, seguros cómo están de que la ciudad lo soporta todo, y existe otro bloque que pretende limitar o eliminar usos abusivos del cemento y el hormigón, pues busca una ciudad más amable y menos agresiva. Tampoco es baladí la diferencia. Y respecto a la vida dentro de la ciudad, existe un bloque muy definido que considera que Granada es «sólo» de los granadinos, y además de los granadinos «pata negra», que sienten y piensan en granadino puro, mientras que está perfectamente delimitado otro bloque que piensa que la ciudad es de todas y todos, que se vive mejor en mestizaje y en armónica convivencia y que nada mejor que la mezcla y la apertura de mentes para curarnos del «purismo rancio».

Luego están las restricciones presupuestarias, la deuda municipal, los límites legales a la contratación y los a veces ajustados márgenes administrativos. Pero eso existe en todo lugar y es aplicable a toda fuerza política que pretenda gobernar. El debate sobre ello nos aportará muchas menos claves políticas. La verdadera distinción está en el modelo de ciudad y de convivencia, en la calidad de vida y en la calidad de la relación humana. Y ahí, también en los debates y en los debates de los debates, se han visto las diferencias. Rotundas y evidentes.

Quedaría, por tanto, depositar el voto, bajo mi punto de vista, con dos claves. La primera es optar por uno de los bloques. Y una vez despejada esta cuestión, votar por quien, además de su pertenencia al bloque preferido, garantiza, por mor de la aritmética electoral, que el otro bloque no sacará beneficio ninguno. Aunque dicha elección, pueda hacernos perder un 1% de coherencia y otro 1% de autosatisfacción. La contrapartida es mucho peor, y además, puede durar mucho más tiempo.

CATEGORÍAS
ETIQUETAS

COMENTARIOS

Wordpress (0)
Disqus ( )